Susana Cordero de Espinosa

Viajes al revés

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Más allá de cuanto se lee y se oye respecto del hoy exacerbado nacionalismo catalán, de ese desolador deseo de partir, de partirse, de dividirse en dos o en tres o en cinco, por mostrar ‘yo soy distinto’, ‘yo soy más’, ‘yo soy Europa, ustedes África’, como si África no hubiera contribuido con su riqueza, su dolor y sus muertos, a que Europa sea lo que es…, como si América, en fin…, pero ‘más allá de cuanto se lee’, decíamos, vayamos a un ar­tículo de Santiago Roncagliolo, escritor que un día recaló desde su original niebla limeña, en la universal y cosmopolita Barcelona.

El escritor se refiere al ‘viaje al revés’ que hizo desde Barcelona a Madrid, para acompañar al poeta Germán Belli en el homenaje que la Casa de América rindió al anciano poeta peruano. “Para mí, dice Roncagliolo, fue emocionante. Y a la vez, triste. Porque comprendí que, en Cataluña, una fiesta así sería imposible’.

¿Qué pasa en el ámbito otrora preferido por tantos escritores hispanoamericanos, desde el cual Carmen Balcells, catalanísima, contribuyó a que jóvenes casi desconocidos –García Márquez, Vargas Llosa, Fuentes, Cortázar y tantos, tantos más- hicieran estallar con su creación, el mundo de la literatura en español? Según el autor peruano, Barcelona es hoy un ámbito del cual se intenta exiliar a una lengua, como si su espíritu y los siglos de su existencia y sus quinientos millones de hablantes pudieran despedirse por la voluntad negativa de unos pocos, abonada por casos insoportables de corrupción velados y protegidos desde ‘in illo tempore’.

En el homenaje a Belli, Roncagliolo descubre que los latinoamericanos de /su/ medio -escritores, editores, periodistas- abandonan Barcelona para ir a Madrid, porque en Barcelona, ‘hoy, si escribes en español, tu vida está en otra parte’. Ninguno de ellos se ha ido de Cataluña por anticatalán o antinacionalista, sino porque si “lejos de Franco y cerca de Francia, Barcelona se convirtió en la puerta del español hacia Europa”, hoy, desde esa misma puerta, se intenta confinar al espíritu español entre trágicas, ima­ginarias, inexistentes fronteras.

Aunque los nacionalistas, por un mínimo de pudor e inteligencia, no puedan aceptar este éxodo ni reconocer la tragedia y el empobrecimiento de menospreciar en su cotidianidad una lengua hablada por quinientos millones de personas, repleta de creatividad y vida, si persisten en este triste afán, se separarán también de América, se quedarán solos, insiste Roncagliolo e insistimos nosotros. Queriendo ser más: más europea, más rica, más culta, conmina a los suyos a ser menos, en el olvido, la separación, la soledad.

Y concluyo con su constatación: “La paradoja es desoladora: basados en un elevado concepto de su propio cosmopolitismo, los nacionalistas están construyendo una sociedad más provinciana. Por enormes que sean sus banderas en plazas y estadios. Por fuerte que griten en catalán e inglés. Por muchas embajadas que quieran abrir. Su único proyecto cultural es precipitar a Cataluña orgullosamente hacia la irrelevancia”.

scordero@elcomercio.org