María Cardenas

Del terror al terrorismo

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Cuando se coartan los derechos innatos de los ciudadanos, sin importar su localización geográfica, aunque sí la historia de su país, ni tenga peso su religión o ideología política, la reacción natural es el sentimiento de terror.

Si ya no existe la libertad y la expresión es limitada o anulada, el terror, más de allá del miedo, se apodera de la sociedad. Si a causa del abuso del poder y el despilfarro abusivo en una economía limitada, las posibilidades de mantener o conseguir un trabajo se ven disminuidas o imposibilitadas, el terror se apodera de padres e hijos sin una visión de futuro por delante.

Si la educación que provee el Estado es mediocre y, peor aún, los servicios de salud son pobres o inexistentes y lo que se gana para vivir no alcanza para comprar lo básico, el terror son las noches de desvelo y el sentimiento de persecución. Las acciones engañosas de un gobierno provocarán una reacción que no medirá quiénes serán sus víctimas y los débiles sufrirán primero, los niños, los ancianos, las mujeres.

Llegará el terrorismo que puede aplicarse desde las mismas esferas del gobierno o grupo que se considera uno y que actúa o del pueblo que reacciona. Unos se esconderán en ideologías políticas o en su poder económico logrado con deshonestidad, otros se cobijarán en las religiones sin siquiera ser practicantes de aquello que dicen defender. Algunos terroristas lastimarán escogiendo de uno en uno sus víctimas; a otros no les importará con tal de conseguir el caos que esperarán les devuelva lo que ellos, en sus mentes, consideren justicia y paz.

Algunos practicarán un terrorismo paulatino a través de medidas, de leyes, de decretos que van minando a la población. Otros llevarán a cabo un terrorismo explosivo, criminal, amenazando y cumpliendo, poniendo sus vanidades y prioridades por delante de la vida de sus mandantes y, en otros casos, indiscriminadamente y sin fronteras. El totalitarismo no tiene límites en su audacia.

El terror equivale a terrorismo y este se presenta ante la desaparición de la democracia, la libertad, la igualdad y la justicia. Ante la opresión de gobiernos totalitarios que, por exceso de poder, perdieron el respeto por sí mismos, olvidando sus ofrecimientos a un pueblo hambriento de esperanza y de un cambio verdadero que, a ratos, vislumbró un salvador para, en pocos años, perderla toda y encontrarse en peor situación que antes de la aparición del héroe engañoso.

El terrorismo puede practicarse para inhabilitar la mente, las emociones y finalmente puede ser corporal produciendo la muerte. Todas estas prácticas producen dolor, desconcierto, desesperación, así como también puede crear guerras o un nuevo despertar que valora la libertad, la igualdad, la justicia y la búsqueda de una forma de vida pacífica, pero que no tiene miedo a terminar este horror legalmente. Entonces en algunas partes del mundo, los gobiernos que practican el terrorismo suave sentirán el efecto dominó y cuando uno caiga caerán todos, mientras aquellos que son criminales encubiertos sufrirán las consecuencias de sus acciones.

mcardenas@elcomercio.com