Susana Cordero de Espinosa

Yerros mayúsculos

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“Venta de Garaje Venda lo Que Ya No Use, No ha Usado o Nunca Usará”. Avergüenza el portentoso atropello del uso de mayúsculas en este mensaje. Los escribidores querían llamar la atención sobre su venta y habrían podido publicitarla en mayúsculas sostenidas, pero usar con esta anarquía la mayúscula inicial degrada el texto y los degrada. Esta necedad circula en la red.

El alemán es lengua ‘maximalista’: se escriben con inicial mayúscula todos los sustantivos, y el inglés abunda, aunque menos, en el uso de mayúsculas iniciales. Nuestra ortografía envidiable, por precisa y clara, ha sido menos imperativa en cuanto a este empleo, y hoy el español tiende a usar menos iniciales mayúsculas en favor de las minúsculas, fenómeno que los ortógrafos llaman ‘minusculización’. Sin embargo, es tal nuestro aprecio de lo extranjero, que por influencia del inglés ponemos iniciales mayúsculas en palabras que no deben llevarla.

Al respecto, algunas normas esenciales.

Llevan inicial mayúscula la primera palabra de un escrito y la que va después de punto. Igualmente, los nombres propios de personas, animales y cosas, así como los apodos: A Juan, nacido en Otavalo, lo llaman Flaco.

Hay nombres de lugar o topónimos, cuya denominación incluye el artículo, por tanto, este se escribe con mayúscula: Estuve en El Salvador; No conozco La Haya; iremos a La Habana. Otros topónimos, como Ecuador, Perú o Argentina pueden llevar artículo, pero como este no forma parte inseparable de su denominación, se escribe con minúscula. Son correctas las formas Nací en el Ecuador o Nací en Ecuador; Vinimos de la Argentina o Vinimos de Argentina. Iremos al Perú o Iremos a Perú. [La mayúscula inicial, permite distinguir entre sí los ejemplos].

Otra observación de oro: el uso de mayúscula inicial no dota de mayor importancia al significado de la palabra que la lleva; nombres de títulos, cargos, empleos y dignidades de cualquier rango deben escribirse con minúscula inicial, tanto si su uso es genérico: El rey está para reinar, como si se refiere a una persona concreta: El rey Juan Carlos abdicó. La presidenta Bachelet es mujer de armas tomar. El papa clama por una iglesia pobre.

Aunque una costumbre desafortunada hace que en el Ecuador se nombre a las personas por sus títulos universitarios: El ingeniero López; La médica Gándara; El máster Jorge Ordóñez, dichos títulos se escriben con inicial minúscula. Igualmente, los de distintas dignidades, acompañen o no, al nombre del ‘digno’ en cuestión: Wilman Pico, canciller. La defensora del pueblo; El gerente de la empresa.

Los gentilicios o nombres que designan el origen geográfico de una persona se escriben con minúscula: Ella es cuencana; Nosotros somos guayaquileños; No abundan quiteños en Quito.

Cuando una palabra lleva tilde, según nuestras reglas de acentuación, ha de conservarla si lo exige la mayúscula: Él trabaja con Álvaro en Ámsterdam. Úrsula vive en Ávila. Ágata es nombre de bruja.