Roque Morán Latorre

Diez años, y… ¿qué hicieron?

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¡Ah! nos referimos a los detractores y opositores del actual régimen. Pasaron 10 largos años y no hicieron nada. No se prepararon, no tuvieron iniciativa alguna que valga la pena. No planificaron, no construyeron, ni de lejos -inteligentemente-, una oposición fusionada, positiva, con autenticidad y objetivos transparentes. Ociosos se aletargaron, sumidos entre el marasmo de su expuesta ineptitud y los correazos que les fueron acertados, zarandeando los enclenques cimentos de sus particulares intereses.

Se limitaron -¡increíble!- a actividades pendencieras y a asuntos superficiales e intrascendentes. Con seguridad, en esta década, la palabra que más brotó de sus bocas fue “Correa”. No imaginaron que se convirtieron en los mejores propagandistas del que pretendieron atacar. Durante estos años, por todos los medios posibles, nos pintaron y nos escandalizaron con una miedosa década demoníaca y fatídica, dantesca y catastrófica… ¿El resultado?: nada, nada sucedió de lo que nos pronosticaron; al contrario, con esas actitudes solo develaron sus sombrías intenciones.

Hay dos refranes populares que, por ser machacones, no dejan de ser certeros: el uno, “obras son amores y no buenas razones”; pues, sin lugar a duda, las obras -que son numerosas-, en las que este Gobierno puso la última piedra, así lo corroboran: energías alternativas (hidroelectricidad), vías, educación, Salud, infraestructura, comunicaciones, etc., (un largo etc.); sin importar -no nos interesa argumentar sobre eso- si tuvieron, o no, los mejores ingresos en la historia ecuatoriana, pero ¡han hecho grandes obras! que, sobre todo, logran el bien común, por las mayorías y por los más necesitados; pruebas –por más que les duela a algunos- que resultan irrefutables y harto tangibles de lo que no habíamos visto -antes de esta década- durante los últimos 60 años, de los que sí somos testigos.

El otro refrán: “mal paga el diablo a sus devotos”; al parecer, ya están recibiendo una fea paga pero merecida, muchos ya no les creen, las causas: intentaron sembrar odio, esparcieron rencor, mostraron caras amargas, actitudes vengativas, mal utilizaron chismes, rumores y noticias sin fuentes confiables, confundieron a algunos, plagaron las redes sociales con insultos y bajezas.
El “pueblo”, como llaman- con no poca hilaridad- critica un esfuerzo inusual, precipitado, casi loco, desde luego, improvisado y atolondrado –no podía ser de otra manera- ¡en vísperas de elecciones! Alianzas, pactos, componendas y compromisos sacados de la manga. Ante tal circo y diversión politiquera no atinamos si mismo reír o, mejor, llorar por la escandalosa ausencia de buenas ideas, de programas, de planes y tareas concretas por emprender, eso sí, plagado de personajes improvisados y con resucitados personajes políticos.