Pablo Cuvi

La amante engañada

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Pobre clase media quiteña, sigue de tumbo en tumbo. Hace dos semanas, cuando el macho altanero y medio calvo que la había despreciado vino a recuperar su hacienda, como cualquier amante ofendida cruzó los dedos para que le fuera pésimo en todas las concentraciones y le dijo sí, siete veces sí, al presidente Moreno aunque de él no está enamorada para nada. Y cuando Lenin hizo contra Correa lo mismo que Correa había hecho contra sus adversarios, se puso muy contenta de que le administraran una dosis de su propia medicina.

Pero cuando el economista se disponía a partir con el rabo entre las piernas, circuló el audio de un señor Mangas (que quién también será, hija, dicen que es nicaragüense y que se casó con la canciller y que era asesor del Patiño) y otra vez sucumbió a la angustia porque en esa charla dirigida a políticos verde-flex, el misterioso señor dejaba al desnudo las triquiñuelas del poder y todo lo que habían hecho para tratar de aplacar al compañero Rafael, desde mantener su modelo económico (que nos llevó a la ruina, hija), y su jefe de Inteligencia que espiaba a medio mundo, hasta pagarle con nuestra plata tres empleadas y ocho escoltas en Bélgica: solo faltó devolverle uno de sus dos aviones para que siga coleccionando honoris causas por el mundo.

No es que no hubiéramos sospechado de sus intenciones, pero que las confirmara en voz alta y muy suelto de huesos el brazo derecho del presidente era, para seguir con las metáforas biológicas, un auténtico corte de mangas, o, puesto en criollo, un monumental yucazo contra la vapuleada clase media y los demás actores sociales que habían depositado sus esperanzas en el llamado al diálogo, solo para enterarse de que era un ardid para mantenerlos engatusados porque el Gobierno no iba a ceder en nada.

Además, el único objetivo del frente que organizaron contra la corrupción fue hacerle contrapeso a la Comisión Anticorrupción y a Fernando Villavicencio porque todo lo que denunciaban era verdad. Y eso lo sabía también el compañero Rafael, añadió Mangas. Cómo no iba a saberlo si, según Hernán Pérez Loose, era ‘il capo di tutti capi’. Y esto sucedía en medio de las fiestas de Quito (que ya no sirven para nada, mija, aunque la sesión solemne sí sirvió para que apareciera en primera fila el señor Mangas mostrándonos que conserva intacto su poder).

Entonces, la amante bipolar siente que otra vez le vieron la cara los mismos que prohibieron las corridas de toros y consagraron al mall como templo revolucionario. Sin embargo, fue justamente ese auge del modelo Miami (allá a donde iba de shopping Marcela Aguinaga) el que mantuvo entretenida a la clase media hasta que se acabó el billete, el empleo y los contratos. Hoy, la infidencia de Mangas le ha birlado las últimas ilusiones de que esto iba a mejorar pues ratifica que los discípulos de Fidel, Daniel y Rafael siguen manejando Carondelet.