Milton Luna

La duda fue su signo

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¿Quiénes y por qué protestan frente al resultado electoral presentado por el CNE? Como señalan algunos voceros y simpatizantes oficialismo: ¿son grupos de derechistas amargados por la “derrota”; son masas manipuladas por dirigentes irresponsables; son indígenas, ecologistas y luchadores sociales desubicados que se prestan para servir de fuerza de choque para el banquero?

Cualquier protesta, en el Ecuador, en Alemania o en Vietnam; en 2017, 1963 o 1789, tiene por base algún descontento colectivo, el que además tiene muchas causas. En el caso que examinamos, hay inconformidad frente al proceso electoral y a sus resultados expresados anticipadamente, como “irreversibles”, por el presidente del CNE. Pero, esta es la punta del iceberg.

Es obvio que una parte de los manifestantes son militantes del partido del señor Lasso. Denuncian irregularidades electorales que, según su criterio, configurarían un fraude; además de presentar pruebas, presionan en las calles, para que se recuente las actas y se haga una investigación del sistema informático. Con esto desean transparentar los resultados, que incluso de ser adversos los aceptarían. A esta tesis se han sumado diversos sectores ciudadanos, que no son miembros del partido de Lasso, pero que además de su rechazo al manejo del tema electoral, manifiestan en la vía pública su angustia y bronca, a una década de un proceso caudillista, autoritario y derrochador. Son gente cansada de la corrupción y de la impunidad. Son ciudadanos que se cobijan con ardor, en la defensa de la ética, de las libertades y de la democracia.

La protesta popular, que es un derecho de la gente, bajará de tono a medida que los pedidos de conteo de actas y de revisión del sistema informático del CNE sea auditado. Se tranquilizará temporalmente el país y algo de legitimidad tendrá el ganador. El perdedor, de ser Lasso, saldrá debilitado, ya que sus pruebas no fueron contundentes. Si este escenario no se da, por desgaste o represión, bajará la intensidad de la lucha callejera, y la maniobra impondrá la versión oficial. La mitad del país quedará con un sabor amargo y una bronca agigantada, pero contenida. La ilegitimidad del nuevo gobierno será patológica.

En cualquiera de los dos escenarios, el país tendrá una gran resaca, por haber vivido una experiencia electoral, en la que todos perdimos. De todas maneras, de las tragedias y errores se aprende. Nada de esto hubiera pasado, si el árbitro de la jornada hubiera sido imparcial. Con un CNE conformado por un solo partido, la duda fue su signo. Ella, es la herencia para el próximo mandatario.

Grave crisis de representación, no solo en el gobierno, sino en todo el espectro político. Quedamos divididos y sin dirigentes creíbles, en medio de una crisis económica y moral, que se viene.