Milagros Aguirre

Democracia

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Parece que Giovanni Sartori (1924-2017), el sociólogo italiano conocido como el pensador de la democracia, escogió estos días para morir. Sí. Escogió estos días de tensión, incertidumbre y peligrosos enfrentamientos en América Latina, y en Ecuador especialmente, como para recordarnos qué es la democracia. Y recordarnos también términos cómo democracia real, libertad o tiranía de la mayoría.

Nuestra democracia está empañada y los ecuatorianos no somos muy demócratas, seguramente porque no hemos vivido dictaduras como las que vivieron otros países del continente.
La democracia no solamente es ir a las urnas. La democracia no se hace con trampa. Tampoco a palos ni a gritos. Se construye. Y no hemos construido democracia ni política, ni social y menos, económica, en los casi cuarenta años de ejercerla (con un presidente muerto apenas nacía la democracia y con tres presidentes tumbados en revueltas populares en una década). La democracia real puede ser débil pero no hay que olvidar que la democracia es también un ideal, un camino, difícil, por recorrer.

No es un lenguaje muy democrático que la mitad de la población llame borrega (y otros tantos adjetivos calificativos cuya lista ocuparía toda esta columna) a la otra mitad. Y que la otra mitad niegue todos sus derechos y posibilidades de expresión a quienes no coinciden con sus postulados. Democracia no es descalificar al opositor con clichés de ricos-malos contra los humildes-buenos, cosa que es una falacia. Menos democrático todavía es que quien ha sido ungido por el Consejo Electoral –con la sombra de las dudas persiguiéndole- afirme que “también” gobernará con quienes no votaron por él, como si de un favor se tratara, pues un gobernante tiene la obligación de gobernar para todos, se sumen o no a sus propuestas. Una de las reglas de la democracia es que la mayoría gobierna en el respeto de los derechos de las minorías. Es decir, que la democracia requiere, como anotaba Sartori, de un principio de mayoría limitado para funcionar y durar.

No es muy democrático tener todo el aparato del Estado más todos los servidores públicos a nivel nacional y todos los medios públicos y recursos públicos (o sea recursos de todos) en campaña electoral y acusar al contrincante de haberse gastado una fortuna (la suya) en las elecciones.
La democracia no se hace con presos políticos ni con descalificaciones. La democracia es un ideal que se construye de a poco, respetando a quien no coincide con uno, escuchando y no imponiendo criterios. Lo contrario –los insultos, los palos, los gritos, el odio intestino, el abuso de poder- son contrarios a la democracia y son justamente los pilares en los que se cimientan los populismos, los autoritarismos y las dictaduras.