Martín Dassum

Yerushalaim

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Escrito en Hebreo occidentalizado, la ciudad Santa más importante del mundo, fue capital del pueblo judío en la época del Rey David (todas las tribus de Israel unificadas en un solo reino) y hoy es capital del Estado de Israel desde su promulgación por la ONU en 1948.

Posiblemente fundada por los Jesubeos que no son judíos y de quienes no existe registro alguno y posiblemente tampoco descendencia, la ciudad de Ieru-Shalem ya estaba cuando Abraham llego a la tierra prometida, desde Ur de Caldea, y era gobernada por un sumo sacerdote del Dios.

Ciudad Santa desde sus inicios Jesusalén fue el centro de la mayor cantidad de invasiones, destrucciones y resurgimientos que una ciudad haya tenido que enfrentar en la historia del mundo. Periodos espléndidos y de mayor desarrollo como los del Rey David y su hijo Salomón, el imperio persa que entendió la presencia judía en la ciudad, la respeto e incluso la fortaleció, el régimen del Rey Herodes, el periodo bizantino y finalmente la ocupación británica en la edad moderna y ya la ciudad como capital del estado, pueden identificarse como sus periodos más positivos. Destrucciones parciales y completas, incendios y embates negativos se le atribuyen a Nabucodonosor y al imperio Romano.

No cabe duda que desde sus inicios fue un conclave religioso, espiritual e internacional, que fue mutando en el tiempo por las conquistas e intervenciones bélicas y luego por la consolidación del cristianismo y la religión musulmana, reclamándola también como suya. La llegada y muerte de Jesús, un judío, en la ciudad y la peregrinación de Mahoma han sido suficientes para que exista un proceso que no tiene comparación en la historia. Sin lugar a duda es así y es suficiente, ya que todo parte del mismo inicio, la incorporación de la religión monoteísta consolidada cuya fuente es el judaísmo y de la cual se han derivado, acomodado y modificado la mayoría de religiones semi modernas y modernas.

La Mecca y Medina para los musulmanes, El Vaticano para los católicos, casi todos los lugares para los ortodoxos, Jerusalén para los judíos y para todos los demás, es aquí donde la situación se vuelve compleja y ha derivado en un esquema de convivencia religiosa que si bien está aceptado, no todos lo ven equitativo y acaso tienen razón.

Actualmente la ciudad está dividida y muchas voces políticas internacionales mencionan que la definición y futuro debe estar en un proceso de paz entre el Estado de Israel y el pueblo Palestino. Esta posición define que la ciudad le pertenece a dos pueblos que han estado siempre en la región, uno de ellos nunca la ha gobernado y el otro lo ha hecho desde sus inicios.

La decisión del Presidente de las Estados Unidos de América, al que no se le puede llamar estadista, de cambiar la embajada de su país a Jerusalén es absolutamente imprudente y torpe desde el punto de vista de las relaciones internacionales y del papel que debe cumplir su país como mediador en la búsqueda de la paz en el medio oriente, pero no es necesariamente incorrecta por la historia y por la legitimidad que tiene la ciudad como capital del Estado de Israel.