María Herrera Heredia

Otra vez el riesgo país

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Cuando pensábamos que ya casi todo estaba bien, que la economía se iba normalizando, oh! sorpresa, vuelve a subir el riego país. Miremos los datos en una línea de tiempo de un año.

En junio de 2017 el índice EMBI registra 710 puntos, lo cual es comprensible, tomando en cuenta que el presidente Lenin Moreno acababa de posesionarse, el equipo económico no había sufrido variaciones, la legislación tampoco, la estructura económica y política no se había modificado.

El segundo semestre del 2017, al evidenciarse una separación entre el gobierno de Moreno con su antecesor y tomar un nuevo giro la conducción económica, el riesgo país se ubica en 470 puntos a diciembre 2017, límite más bajo en el período enero–diciembre 2017. Es entendible también.

Pero que sucede ahora, cuando por fin el Presidente nombra a un ministro joven, visiblemente competente, relacionado directamente con la actividad productiva, la Asamblea Nacional aprueba la ley de “Fomento productivo, atracción de inversiones y estabilidad y equilibrio fiscal”, con incentivos para la reactivación del sector productivo y estabilidad fiscal, restringiendo la tendencia del gasto público, con estímulos a la inversión nacional y extranjera, facilidades al sector empresarial y compromiso de generar empleo productivo, el riesgo país curiosamente vuelve a incrementarse, llegando a 720 puntos en junio de 2018. ¿Cuál es la razón, qué se esconde detrás de este cálculo del JP Morgan, empresa financiera de los Estados Unidos y líder en inversiones bancarias?

La respuesta podría estar en que el mercado internacional, léanse instituciones financieras e inversionistas, mantienen dudas respecto de la consolidación y el equilibrio fiscal y macroeconómico del Ecuador, pues si bien se ha aprobado la Ley de Fomento productivo y el gobierno ha reconocido un problema fiscal, los resultados recién se verían en el 2021, para cuando se ha previsto alcanzar el equilibrio fiscal primario, es decir que los ingresos logren cubrir los gastos presupuestarios, y si bien se contempla un ajuste en el lado de los egresos fiscales, no existen metas específicas de reducción anual y el mercado exige números.

Los esfuerzos por conseguir inversión extranjera y nacional y los posibles compromisos tampoco tienen plazo de concreción, lo que no permite prever el crecimiento de la producción, productividad y competitividad y tampoco un mejoramiento en los niveles de empleo.

De otra parte, la falta de liquidez evidente requiere más endeudamiento; se estima que las necesidades de financiamiento para este año están en alrededor de los 11.000 millones y aunque haya la decisión de no emitir bonos, habrá que buscar otras vías. Si bien hay acercamiento con el FMI, aún no se han definido líneas de financiamiento ni fecha tentativa para ello, por lo que el panorama económico nacional sigue inestable, no genera confianza, y el mercado internacional lo percibe muy bien.