María Cárdenas R.

Una gran novela

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¡Olvidémonos de todo lo real, para qué dejar que se nos enfríe el corazón o se nos congele el cerebro! ¡Tonterías! Achachay este invierno. Más agradable, más fácil, facilito, imaginemos un cielo azul brillante, que no llueve, que las casas coloniales brillan por el perpendicular sol. Que, realmente, alzamos la mano y tocamos el cielo, súper fácil. Que la Virgen de Quito es una lindura. Que compramos lo que queremos y que no es caro. Que todos, toditos y, valga la pena mencionar, toditas, tenemos trabajo, el mejor, que nos pagan ¡qué bien! Que la educación de nuestros hijos es perfecta, nadie le ha metido mano y nadie pretende que toditos aprendan igualito, las mismas ideas. ¡Sí! ¡Vivimos en un paraíso!

Tan linda, tan linda es la realidad, que pisamos pétalos de rosas, que todo lo que producimos se exporta a excelentes precios, que nada es difícil. Que importamos lo que se necesita sin restricción alguna, porque no hay controles exagerados para nada. Que la justicia es maravillosa, justa mismo. Que nadie sufre insultos y peor, vejaciones. Sí, todo es tan lindo, tan bonito. Nadie se gasta plata ajena como que fuera propia y sólo se hacen obras buenísimas, súper funcionales y que nos brindan grandes servicios.

Los medios de comunicación actúan libremente, reportan lo que quieren o creen necesario y real.

¡Qué bestia! ¡Un paraíso!

¿Qué más podemos pedir?

Nada… Hay un rey y unos príncipes, regios, buenísimos, unos ángeles… ¡Nada pipones! Unas mujeres soñadas, de pensamiento independiente, libres como las Amazonas de nuestras leyendas, sí, ¡igualitas! Se reúnen y respetan todo y a todos, las leyes se respetan, nunca se cambian porque nuestra última constitución es de las más mejores.

Nuevitas las leyes, ¡ni para qué cambiarlas! ¿A alguien ya se le había ocurrido mejorar esta magistral obra? ¡Imposible! Si fue hecha por allá dónde nació Alfaro.

Bolívar, el Libertador, recorre nuestros campos de la mano de nuestro súper liberal. Felices los dos, fascinados con su herencia. Mueren de alegría, a galope, de ver como todo es, ni más ni menos, ¡un sueño! Qué linda pareja, tan sonreídos, que casi no los reconocemos.

Me encanta soñar así, libremente. Fantasear, escribir y escribir, nacen las palabras de mi derecho innato de la libre expresión. Todo es fantasía, todavía nos permitimos: soñar, creer en grandes irrealidades. Aquellas que nos llenan los oídos, la vista, el apetito y más, de emoción. Grande esta telenovela, de la vida misma. Cada día amanecemos en espera del siguiente capítulo de la gran novela.

Conscientes de que el gran final se acerca, el último capítulo de la zaga. Todos con los corazones revoloteando, viendo los enredos que nos traen a la gran fecha, ¿cuál galán ganará el corazón de la bella, la inalcanzable, la ciudadanía?
La belleza, la diversidad, natural se mantiene, vibra.