Manuel Terán

El día después

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El domingo se elegirá al Mandatario que regirá los destinos del país por los siguientes cuatro años. Más allá de quien resulte electo el día lunes arrancará una etapa diferente, en la que se vuelve primordial reinstitucionalizar la nación. La oprobiosa época vivida en la que se conoció hasta qué punto puede llegar la diatriba que destila odio, descalifica, insulta, hostiga a los que no participan del credo oficial, debe quedar en el pasado como uno de los periodos más obscuros de la historia republicana. Se impone restaurar la armonía en el país, tejer un entramado social que busque un destino y proyecto común como nación, en la que quepan todos pese a las diferencias de pensamiento y en la que nadie se alce por encima del otro inundándole de epítetos por el solo hecho de discrepar. Será el momento de persistir en todo lo que un amplio espectro de los que hacen opinión en el país coinciden, incluidos aquellos que inicialmente comulgaron con los postulados llevados a la práctica por los neopopulistas. Será fundamental construir un estado donde primen las libertades y la justicia sea confiable, en el que la palabra oficial sea creíble y el aparato comunicacional en manos del gobierno no sea un instrumento de propaganda partidista, sino que se convierta en un conjunto de medios en los que tengan cabida las distintas voces y opiniones que existen en la sociedad.

Hay que retomar el discurso que nadie es poseedor de la verdad absoluta, ni que existen iluminados que puedan por sí solos transformar el país. Lo que abundan son los audaces que, aprovechándose de las coyunturas, han mal administrado una extraordinaria cantidad de recursos provenientes de situaciones exógenas, en las que los ecuatorianos no teníamos ninguna incidencia. Que se observen cambios físicos es lo mínimo que se puede pedir luego que Ecuador ha recibido el mayor flujo de ingresos de toda su historia, aunque al final del día quedemos como empezamos, con las arcas vacías.

Habrá que insistir hasta el cansancio que sólo el esfuerzo creador nos permitirá ir transformando en forma permanente y sostenible las caducas estructuras vigentes. Se tiene que continuar sosteniendo que los paradigmas ideológicos únicamente nos conducen a la inmovilidad y al atraso, que enfrascarnos en discusiones bizantinas nos perjudican, mientras en el mundo existen países que en forma decidida y permanente avanzan hacia la modernización y el progreso.

Sin duda habrá que emprender hacia la modernidad, donde nuestro norte principal deben ser aquellos países en los que sus habitantes tienen un elevado nivel de vida acompañado del goce pleno de todas las libertades. Esto puede tomar décadas, pero mientras más pronto iniciemos el camino empezaremos a acortar las distancias que nos separan. No hay como demorar más en ese empeño ni extraviarnos en rutas que nos confundan, pues a estas alturas sería imperdonable. Es pues una convocatoria a una lucha ardua, permanente, sin fatigas ni descanso, de la cual nadie puede escabullirse. La actual situación del país así lo exige.