José Ayala Lasso

Tiempos de reflexión

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El Ecuador está viviendo momentos de angustiosa trascendencia. Después de diez años de un gobierno autoritario, ideológicamente fanatizado, sordo a todas las voces que no sean de alabanza y sumisión, que utilizó los mecanismos creados por la democracia para desmontar las instituciones democráticas, que pretendió prolongarse en el poder bajo un liderazgo unipersonal, objetivo que fue exitosamente rechazado por la voluntad popular, lo que obligó al gobierno a dar marcha atrás y proponer un candidato en el que no creían ni propios ni extraños; después de una campaña caracterizada por la permanente intervención del gobierno en favor del candidato oficial, en indebido uso de dineros del pueblo y convirtiendo a las instituciones estatales en centros de propaganda política partidista, violando así expresas disposiciones de la ley y elementales principios de ética; después de que en tal campaña dicho candidato jamás se prestara a debatir sus ideas mientras, al mismo tiempo, su compañero de fórmula –contra quien se han hecho acusaciones de corrupción- se difuminó meticulosamente; después de que el gobierno incurriera en lo que podría describirse como “linchamiento mediático” del candidato opositor acusándole de responsabilidades de las que antes le había exonerado; después de todo esto, el pueblo ecuatoriano recibió, perplejo e indignado, al término de la jornada del domingo, informaciones incoherentes y contradictorias que hubieran podido ser fácilmente zanjadas si viviéramos en un estado de derecho y contáramos con un CNE revestido de autoridad moral por su imparcialidad y prestigio.

Nada más natural, entonces, que el candidato de la oposición, que protagonizó el verdadero milagro de conseguir el respaldo de todas las fuerzas políticas que clamaban por un cambio en la dirección del estado, convencido de su triunfo, haya anunciado que hará uso de todos los recursos previstos por la ley para que la voluntad popular sea respetada. No solo sus electores sino todo el pueblo, enardecidos por las irregularidades denunciadas en el proceso electoral, se han levantado para exigir transparencia y autenticidad a las autoridades pertinentes.

Al fundamentar moral y legalmente su reclamo, la oposición ha llamado a la calma y ha desaprobado de la violencia. El pueblo viene dando una lección de prudencia al expresarse en calles y plazas, anunciando su determinación de ejercer el derecho a la rebeldía.

La situación es crítica y, para afrontarla, es necesario que todos –especialmente los personeros e instituciones del gobierno- den democráticas muestras de respeto a la voluntad popular legítimamente expresada en las urnas que, “como un trueno horrendo que en fragor revienta (,) sordo retumbando se dilata por la inflamada esfera” de nuestro martirizado país.