Jorge H. Zalles

Humanidad plena

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El teólogo anglicano y profesor en la Universidad de Oxford John Macquarrie escribió que “Hay una ambigüedad en la palabra ‘humano’, resaltada por la expresión de Paul Lehmann ‘Hacer y mantener humana la vida humana’. En el primero de los usos, la palabra ‘humana’ describe a quien pertenece a la especie Homo sapiens. Pero en el segundo uso, la palabra ‘humana’ adquiere un sentido valorativo: significa algo así como verdaderamente, auténticamente, totalmente humana.”

Como entiendo a Macquarrie, en ese segundo uso la palabra ‘humana’ describe a quien encarna a plenitud la bondad, la generosidad de espíritu, el respeto, la mesura y la humildad de nuestra humanidad en potencia.

Comparto algunas reflexiones, a base de estas luminosas ideas, sobre dos figuras históricas que han muerto en los últimos días.

El narcisista tirano caribeño que acaba de morir hizo mucho para hacer inhumana la vida humana, sumiendo a su propio pueblo en sangre y miseria. Según Carlos Eire, profesor de historia en la Universidad de Yale nacido en Cuba, entre otros horrores “Castro encarceló, torturó y asesinó a muchas más personas, miles más, que cualquier otro dictador latinoamericano; patrocinó el terrorismo donde pudo; se alió con muchos de los peores dictadores de la tierra; fue responsable de tantas ejecuciones y desapariciones en Cuba que es difícil calcular un número preciso; no toleró discrepancia alguna y construyó campos de concentración, que llenó al máximo; aprobó y promovió la práctica de la tortura y de los asesinatos extrajudiciales; obligó al exilio a casi un 20 por ciento de sus compatriotas, muchos de los cuales hallaron la muerte en el mar; persiguió a los homosexuales, e intentó erradicar la religión.”

No puede haber mayor contraste que con la persona de Sixto Durán-Ballén, quien encarnó a plenitud la condición de “verdaderamente humano”, de persona que logró ser mucho de lo mejor que un ser humano puede ser. Hombre probo, amable, de profunda e intachable decencia personal, mostró una genuina voluntad de servir a sus semejantes, no por los beneficios (financieros, sicológicos u otros) que él pudiera obtener, sino en el honesto convencimiento de que, con su inteligencia, su esfuerzo, su capacidad para dialogar y propiciar diálogo y su profundo respeto por quienes discrepaban con él, podía aportar, como en efecto aportó, a hacer más humana la vida de muchos humanos a su alrededor.

Hay quienes honran la memoria del dictador cubano, Fidel Castro, en la creencia, según la entiendo, que lo más importante, por sobre cualquier otra consideración, es su visión ideológica de organización social.

Muchos otros honramos la memoria de ese gran ecuatoriano que fue Sixto Durán-Ballén en la creencia que lo esencial, en toda persona, es su condición de plena humanidad.