Jorge H. Zalles

Trumpeados

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Comentaristas en varias partes del mundo han respondido con enorme dramatismo a la elección de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos. David Remnick publicó un artículo en la revista The New Yorker titulado “Una tragedia americana” en el que habla de “un triunfo del autoritarismo, la misoginia y el racismo,” y de “un evento repugnante en la historia de los Estados Unidos y de la democracia liberal.” Timothy Egan del New York Times se pregunta si el mundo “sobrevivirá” a Trump.

¿Recién se dan cuenta de que en el mundo hay autoritarismo, misoginia, racismo, y, además, clasismo, machismo, sexismo, nacionalismo, etnicismo, regionalismo, fundamentalismo ideológico y religioso?

Es siempre importante mirar las cosas en perspectiva histórica, no por la trillada idea de que quienes la ignoran están condenados a repetirla (que no me convence mucho), sino para ubicarnos ante hechos esenciales.

Primero, el autoritarismo, la misoginia, el racismo, etcétera y etcétera –no vale repetir toda la tenebrosa lista- son fenómenos que acompañan a nuestra especie desde hace millones de años, así que no es cuestión de que recién ahora, porque Trump los vuelve más visibles y, tal vez, algo más amenazantes, debamos comenzar a preocuparnos por ellos. Sentirnos trumpeados resalta todos esos fenómenos, pero no es que recién aparecen, ni que recién debamos asustarnos por su existencia. Deberían asustarnos siempre.

Segundo, y tal vez más importante, mucho de lo que se opone al autoritarismo, al racismo y a toda la tenebrosa lista es, al contrario, un conjunto de realidades absolutamente recientes en la historia humana. La primera declaración de derechos del hombre –el Bill of Rights inglés- es de 1688: puesto en perspectiva, hace solo unos 300 años. Hamurabi, del famoso Código, reinó hace más de 3.000.

Michael Ignatieff lanzó la pregunta hace un par de años de si están ganando los autoritarios. Yo contesto que en un sentido sí: siguen ganando porque llevan miles de años de ventaja. Hasta algo más de 300 años, ni siquiera existíamos sus contrincantes. Pero ahora sí existimos. Y sí, es probable que Trump hará horrores, o al menos intentará hacerlos. Pero existen voces y existimos voceros a favor de aquellas nuevas ideas –la libertad individual, los derechos humanos, la democracia liberal, la afirmación de la dignidad de todo ser humano– las cuales seguiremos defendiendo en la persistente convicción de que haber sido trumpeados es solo un retroceso momentáneo, y, quien sabe, útil para que nos demos cuenta de cuán profundos son los cambios que debemos obrar.

Esas nuevas ideas de hace unos 300 años apuntan ahí. Pero para demasiados de nosotros resulta más cómodo quedarnos entrampados en los viejos paradigmas, hasta que nos trumpean. Y entonces, nos horrorizamos.