Gonzalo Arias

Oportunidades del nuevo gobierno

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El domingo, Ecuador tuvo que optar por dos modelos antagónicos. La polarización como estrategia fue más funcional a Lenin Moreno, aunque el resultado más que ajustado, de alguna manera condiciona el desarrollo de su futura gestión. Con escasa diferencia de votos entre Lasso y él, Moreno se enfrenta al reto de construir legitimidad frente a los ecuatorianos a los que ahora tiene que representar.

Indefectiblemente, se cierra así una etapa de la historia. Comienzan 4 años de gobierno de un dirigente que tiene por delante, numerosos desafíos. El modo de ejercer el poder se abre como una oportunidad para innovar. La Revolución Ciudadana desarrolló un alto grado de personalización por la figura de Correa, lo cual sirvió para fortalecer su imagen pero que poco colaboró con el objetivo de formar cuadros. No podemos pensar las oportunidades disociadas del contexto: el clima en el que se ejerce el poder es factor fundamental que influye en su ejercicio. No es lo mismo estar inmerso en un bloque regional de gobiernos progresistas, a que ésa tendencia se haya revertido para dar paso a gobiernos de centro-derecha. El tablero es distinto, requiere figuras de carácter diferente.

Otro desafío va a ser la relación con la prensa y los medios de comunicación , una variable muchas veces criticada en el caso de Correa, y con la que fácilmente puede hacer un diferencial capitalizable en el corto plazo.

En el plano económico, las dificultades son manifiestas: generar empleo de calidad está entre las principales preocupaciones de la ciudadanía. Como en cualquier gobierno que se proclame de izquierda, el tratamiento del tema de la seguridad sea incómodo de abordar, pero al que el gobierno debiera prestar atención si se dispone a tener un nuevo vínculo con la sociedad, con mayor atención a lo que los ecuatorianos perciben.

Por lo pronto, Moreno demostró ser capaz de diferenciarse de Correa en lo que se refiere a la corrupción, al menos en el plano discursivo. Esa cruzada contra la corrupción fue una buena manera de contrastar con el gobierno. Haciendo una analogía con Argentina y las elecciones de 2015 en las que también hubo un ballotage, el candidato oficialista Daniel Scioli no supo establecer con claridad esa línea demarcatoria que lo diferenciara de Cristina Fernández de Kirchner. Los procesos kirchnerista y correísta tuvieron varios puntos en común, sin embargo sus desenlaces fueron disímiles.

En una entrevista reciente a José “Pepe” Mujica, el ex mandatario uruguayo analizó la situación actual de las izquierdas regionales y aseguró que de las derrotas y de los errores se aprende. Moreno y Alianza País tienen la oportunidad de asegurar que ninguna de las grandes transformaciones estructurales se echen a perder, pero también para corregir errores, enderezar el rumbo.