Francisco Carrión Mena

¿España dividida? No, integrada

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Es difícil comprender cómo en el siglo XXI, en que países y naciones buscan afanosamente integrarse para lograr su desarrollo económico y atender sus necesidades como Estados, aunque con lógicas internas disímiles en cultura, tradiciones y hasta lenguas, se busque, por el contrario, y mediante mecanismos no reconocidos por su propia ley, su separación que debilita la unidad y fortaleza del Estado.

Se trata del referéndum de Cataluña para separarse de España. Y no voy a entrar en disquisiciones históricas que podrían remontarse varios siglos atrás cuando ni España existía como tal, peor Cataluña como Estado. Significaría dibujar un mapa de Europa casi imposible de entender actualmente por la cantidad de naciones pequeñas y autónomas que ahora están integradas.

Quienes promueven la independencia de Cataluña se basan en premisas falsas que hace solo una década no eran prioritarias ni motivo del ardoroso debate que hoy prevalece.

Se dice que una mayoría de catalanes desea la independencia. Es discutible: en las últimas elecciones regionales hace solo dos años hubo más votantes de partidos no independentistas que aquellos que estaban a favor. Encuestas fiables recientes reflejan que el 61% de catalanes no están de acuerdo con la independencia unilateral. Son las élites de derechas que tanto se han beneficiado del llamado centralismo -los Pujol, Durán i Lleida, Mas, Puigdemont, y otros de la CiU- los que paradójicamente lideran la separación. Buena parte del pueblo llano es descendiente de migrantes de Andalucía, Extremadura y otras regiones menos favorecidas.

Desde una óptica jurídica el referéndum no es válido. Para hacerlo, el pueblo español, sus regiones, deberían, a través de sus legítimos representantes, modificar la Constitución según los procedimientos establecidos.

Los independentistas han sostenido que un resultado favorable abriría la puerta a Cataluña a la comunidad internacional. Nada más erróneo. La UE ya ha advertido que la ruptura unilateral en un Estado miembro es inaceptable, y que la violación de la constitución del Estado del que forma parte impide su reconocimiento. La incorporación a Europa tendría que recorrer un proceso que exige unanimidad. Ya me imagino la posición de España… Tampoco es aplicable a la ONU pues la autodeterminación rige para las colonias, la falta de democracia y el irrespeto a los DDHH, que no es el caso Cataluña.

Lo que sí hay que reconocer es que en los últimos años no ha habido suficiente atención a la cuestión catalana. Quizás es hora de dar un paso y adecuar la Constitución a la evolución histórica y pasar de la constitución post franquista que trajo la democracia a implantar un federalismo que reconozca las diferencias y fortalezca la unidad. Pero con este referéndum ilegal no se logrará ese propósito.