Diego Araujo Sánchez

El entierro del correísmo

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Antes de los días de gloria que esperaba el grupo de Patiño, Aguiñaga, Rivadeneira, Soliz y compañía con el regreso de su venerado presidente vitalicio, la estadía de Rafael Correa fue lo más parecido a una jornada de duelo.

Como lo dijo con una imagen humorística “Justicia Infinita” de este Diario en el lenguaje del campeonato de cuarenta durante los festejos quiteños, Lenin Moreno bien podía reclamar un “dos por shunshos”, tras una caída y limpia para imponerse sobre sus rivales. ¿Cuál fue la carta? La de los decretos para que el CNE convoque a consulta al vencer el plazo previsto por la Ley para el pronunciamiento de la Corte Constitucional.

El ex mandatario y sus incondicionales proclamaron sin avergonzarse que Moreno optó por la vía dictatorial y que ahora sí no hay división de poderes, cuando el Presidente solo aplicó la fórmula utilizada por su antecesor. Correa esgrimió, en otro caso, la misma disposición de la Ley Orgánica de Garantías Constitucionales para llamar a los ciudadanos a las urnas porque la Corte no había dado su dictamen en el plazo legal.

Pero el actual entierro político del ex presidente como aspirante a perpetuarse en el poder se produjo antes de que el CNE diera luz verde a la consulta. Fueron determinantes para esa defunción, el irresponsable manejo de la economía, la destrucción de la democracia, la siembra de odios en la sociedad y el destape de una descomunal corrupción.

Es tiempo de pensar en el futuro: qué pasará después de la consulta con la economía, la recuperación de las instituciones democráticas y el restablecimiento de las libertades. Por ahora, aunque salieron tres integrantes del equipo económico, el ministro De la Torre aseguró que no variará el rumbo de la economía. No se han producido cambios importantes en los equipos de planificación, de seguridad y la Secretaría de Inteligencia y en la política internacional. La democracia y las libertades tampoco deben depender solo del buen o mal talante de quien ejerce la Presidencia.

La cirugía mayor contra la corrupción avanza con lentitud. El caso de Glas y los procesados por los sobornos de Odebrecht es la punta de un ovillo abultadísimo: se hallan pendientes otros delitos tras la asociación ilícita y permanecen aún en veremos investigaciones más gruesas, como los negociados en la comercialización petrolera. Y todo quedará en cirugía menor mientras no se descubra la ruta del dinero de quienes se enriquecieron por la corrupción durante la década anterior y se lo recupere para compensar al país por los perjuicios irrogados al bien común.

Además de ajustar en el presente las cuentas con el oprobioso pasado, urge que la sociedad debata hacia el futuro otras cirugías mayores para una reorientación integral del Ecuador.