Enrique Ayala Mora

Correa, en retirada

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El pueblo ha puesto en retirada a Correa. Los correístas comienzan a desbandarse despavoridos. La ciudadanía tomó conciencia de lo perjudicial de las “enmiendas”. Su evidente inconstitucionalidad, las razones de los periodistas, la postura de los parlamentarios de oposición, las argumentaciones de los juristas y académicos cuestionaron el plan correísta de cambiar tramposamente la Constitución para acumular más poder autoritario y violentar derechos y garantías.

Pero solo cuando la gente marchó masivamente a las calles, el Gobierno se tambaleó y dio un paso atrás. Correa anunció una disposición transitoria en el proyecto que dilataría la vigencia de la reelección indefinida por cuatro años. Así, el Presidente no podría ser candidato.

Y es que Correa le tiene pánico al pueblo, a la gente que lo rechaza en la calle. Cuando anda con sus 40 guardaespaldas se baja del auto y reta a trompones a un inerme ciudadano. Cuando está detrás de las cámaras de televisión es valiente con sus adversarios y críticos. En el escenario, rodeado de la seguridad más cara de la historia, insulta, amenaza y trata sin lograrlo de burlarse de sus oponentes. Pero cuando sabe que la gente avanza en marcha pacífica y firme, tiembla y recula.

La movilización popular liderada por el colectivo de trabajadores, indígenas y organizaciones sociales puso a Correa en plena retirada. La marcha de ayer al Palacio Legislativo fue la confirmación del rechazo nacional. Hubo manifestaciones en todo el país y cada vez más la gente del común se suma a la protesta. En Quito vienen del norte, de Los Shyris, del sur, de El Arbolito y engrosan las filas de la marcha unidos por el grito de repudio al déspota que se empeña en profundizar el autoritarismo.

Correa corrió aterrado e incluyó la disposición transitoria que le pondría fuera de la próxima elección. Pero hay que tener cuidado con la maniobra. En primer lugar porque luego la sumisa Corte Constitucional podría eliminarla y permitir de nuevo la reelección de Correa. Pero, sobre todo, porque las mal llamadas “enmiendas” siguen en pie y los correístas tienen la intención de aprobarlas.

Esas enmiendas mutilan groseramente derechos y garantías de los trabajadores, de la ciudadanía en general, de las Fuerzas Armadas, de los afiliados al IESS y los jubilados, del control sobre la acción del Gobierno. Por ello, la retirada de Correa no es motivo para dejar de movilizarse en todo el país para detener el abuso. Sobre todo el pueblo de Quito tiene el compromiso de rodear el Palacio Legislativo para detener el atropello, aún en medio de las fiestas.

Correa y el correísmo están derrotados. Van a perder las próximas elecciones. Pero en medio de su retirada pueden hacer mucho daño. Por ello, la gente movilizada debe pararlos y sepultarlos políticamente desde las calles.

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