Carlos Jaramillo

La elección presidencial

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Como es de conocimiento general, concluyó el período para la inscripción de candidatos a Presidente y Vicepresidente de la República, asambleístas y representantes al Parlamento Andino, organismo que está ya en terapia intensiva.

De antemano se sabía que terciarán varios aspirantes al sillón de Carondelet y el que resulte ungido en las urnas, en febrero del próximo año, deberá asumir el legado que deja el Gobierno de la Revolución Ciudadana, después de diez años en el poder, el más largo en la historia del país, y el cuestionado manejo de más de 300 000 millones de dólares, advirtiéndose que una de las posibilidades es que continúe al frente de los destinos del país esa misma tienda política, bajo la aparente batuta de un nuevo director.

Entre los aspirantes a esa dignidad no estarán esta vez dos asiduos participantes en anteriores contiendas: el coronel Gutiérrez, que ya ocupó el sillón presidencial, pero fue defenestrado en la mitad de su período y Álvaro Noboa, “canchero” tras cinco contiendas e igual número de derrotas, aunque una vez le ganó en la primera vuelta al actual Mandatario, pero sucumbió en la definitiva. Los dos coinciden en que, pese a las buenas posibilidades que dicen que tienen, han depuesto su aspiración para no agravar la división existente entre los opositores del candidato de Alianza País, pero hay indicios de que la verdadera razón es que las encuestas les habrían demostrado que les es muy desfavorable el respaldo popular.

La política de nuestro país se ha caracterizado por su inestabilidad a lo largo de la época republicana, desde la desmembración del Ecuador de la Gran Colombia en 1830, lo que se refleja en la proliferación de gobernantes constitucionales, interinos y dictadores desde entonces.

El general venezolano Juan José Flores fue el primer Presidente de la República. Lo designó una Asamblea Constituyente y desde entonces han sido expedidas 20 Cartas Supremas, casi todas a medida del mandatario de turno.

La designación de Presidente estuvo en manos de la Función Legislativa (Asambleas Constituyentes o Congreso) hasta 1869, año en que se aprobó el sistema de elección popular directa, pero tan sólo para varones “con rentas suficientes y oficio decente”, lo cual, de todas maneras, constituyó un primer paso para que luego se reconozca paulatinamente el derecho al sufragio para hombres y mujeres sin esa traba y la Asamblea Nacional en funciones, de amplia mayoría correísta, aprobó una reforma que establece que desde mayo de 2017 el Presidente y Vicepresidente de la República podrán ser reelegidos en forma inmediata e indefinida, algo inédito en el país y que ahora está en boga entre los gobiernos de etiqueta socialista de este Continente. Esta facultad se hizo extensiva a todas las autoridades de elección popular. Así que hay que tener un poco de paciencia para ver cómo reacciona el “soberano”.