Aura Lucía Mera

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Regreso a Cali después de dos semanas en este país lleno de magia. Duende. Calor humano y único. De esta visita me llevo en la memoria:

“Huellas de mi Camino” el libro de Wellington Sandoval recientemente publicado, donde nos cuenta su recorrido y experiencias “dejando huella al andar”. Tengo el privilegio de su amistad desde hace años... Recuerdo aquel reportaje que le hice para un periódico colombiano cuando ocupaba con lujo de competencia y ética el cargo de Ministro de Defensa. Sabía de su importancia como médico, intelectual y político y sentí “susto” antes de conocerlo. Este sentimiento se desvaneció al instante, cuando iniciamos la conversación. Su calor humano y su sinceridad en cada respuesta en el gran comedor de su apartamento en Quito, acompañado de su familia, y de unos deliciosos panes de yucas con magia brasilera, el toque de su señora Vity, fueron el comienzo de una gran amistad.

Huellas de mi Camino me impactó. Confieso que me lo leí en dos “sentadas” Wellington nos comparte su vida, su infancia en la hacienda cuencana, sus sueños de adolescente, su amor y dedicación a la medicina que lo llevaron a ser el Fundador y Director del Hospital Metropolitano, su formación militar, su accidente aéreo en la selva en el que sobrevivió de milagro junto a un niño de diez años. Sus experiencias médicas en diferentes hospitales de Estados Unidos. Sus viajes por el mundo. Sus años de Embajador en Argentina. Un libro que en su “caminar”, nos descubre la historia contemporánea del Ecuador. Wellington Sandoval es uno de esos seres irrepetibles que a veces llegan al mundo. Actualmente está comprometido hasta los huesos en combatir la desnutrición infantil. Su integridad, su formación su sensibilidad social lo sitúa como uno de los líderes más importantes de este país.
Cambio de tercio. Llevo grabada las corridas en Latacunga y la Belmonte, con los mejores lidiadores de la actualidad, Ponce, Roca Rey, Ginés Marín, Ferrera, Colombo, Castella...Gracias a José Luis Cobo. Quijote que ha logrado salvar la afición taurina y prender la llama de la esperanza para que Quito vuelva a ser capital de esas ferias inolvidables que llenaban la ciudad de alegría y fervor, mutiladas por el ex presidente Correa. Ojalá el actual mandatario le devuelva la libertad y el derecho inalienable de las minorías a disfrutar al “Jesús del Gran Poder”, y la Plaza Avelina de Cerezo en Cayambe recobre su tradición. La provincia de Pichincha fue la víctima inocente de una revancha rencorosa y personal.
Regresar a Cayambe. Visitar la tumba de Domingo Dominguín, ese amor que me marcó. Ver la super luna. Abrazar de nuevo mis amigos del alma. Volver a sentir la magia de esta sierra donde tengo para siempre mi corazón. Quilotoa. Cotopaxi. San Agustín de Callo... recuerdos grabados en mi alma.