Antonio Rodríguez Vicéns

Sonrío con tristeza...

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El día ha sido tenso. La incertidumbre, como un viento imperceptible, ha rondado por todas partes. Las preguntas, nacidas desde el fondo, acuciantes e íntimas, no han tenido respuesta. La jornada electoral ha terminado. Estamos reunidos en una pequeña sala, frente a la televisión, expectantes. En los ojos, ávidos e interrogantes, hay una luz de esperanza. Pero los resultados anunciados cambian sorpresivamente. Es lo previsible. Después de una campaña desigual, con todos los instrumentos en posesión del estado utilizados a favor de la candidatura oficial, con distorsiones y manipulaciones, con calumnias infamantes, no era posible confiar con certeza en el triunfo del candidato de la oposición. Afuera, la noche -con sus sombras, su oscuridad y su frío- va llegando. Las luces de los edificios se multiplican. Alguien, quizás para romper el silencio, me pregunta, casi sin voz, qué opino de Moreno. No doy una respuesta. Callo.

La mayoría de ha resuelto aparentemente -según los sorpresivos resultados oficiales- respaldar un proyecto antidemocrático: destrucción desenfadada del orden jurídico, desinstitucionalización, eliminación de la separación de funciones, concentración del poder en beneficio exclusivo del gobernante, falta de honestidad en el manejo de los asuntos públicos, dispendio irresponsable de los recursos fiscales y endeudamiento agresivo, corrupción desafiante e impune, ausencia de fiscalización, aumento de las atribuciones del estado en perjuicio de las garantías y derechos de la sociedad civil y de los ciudadanos, apropiación de los medios de comunicación y propaganda atosigante y manipuladora, legislación controladora y represiva, sometimiento de la administración de justicia, irrespeto a las personas y a la crítica y la disidencia, descalificación, agravios e insultos, limitación de las libertades individuales, procesos electorales controlados y desiguales…

Me pongo de pie. Me acerco a una de las estanterías de la biblioteca: veo la abigarrada policromía de los lomos de los libros. En estricto orden cronológico están colocadas las biografías y memorias de destacadas figuras de la historia ecuatoriana: Eugenio Espejo, José Joaquín Olmedo, José Mejía Lequerica, Vicente Rocafuerte, Gabriel García Moreno, Juan Montalvo, Vicente Piedrahita, Eloy Alfaro, Federico González Suárez, José Peralta, Julio Andrade, José María Velasco Ibarra, Benjamín Carrión, Galo Plaza Lasso, Clemente Yerovi, Camilo Ponce Enríquez… Toda nuestra vida azarosa y trágica. ¿Qué pienso de Lenin Moreno? ¿Qué puedo pensar de lo huero e insustancial, de lo que carece de contenido, del vacío? Me duele intensamente el país. Miro por la ventana. La noche ha cerrado. Me invade una honda inquietud. Un sentimiento de indignación y rebeldía, frustración y vergüenza. No doy una respuesta y, casi sin darme cuenta, sonrío con tristeza.