Alexandra Kennedy-Troya

Libros de cabecera

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Un dicho popular “Dime con quien andas y te diré quien eres”, me lleva a otro inventado para esta nota:“dime qué lees y te diré en qué piensas”. (O, si lees poco, seguramente piensas poco, no se). Lo cierto es que algunos presidentes como Barack Obama es un gran lector, tanto que “The Daily Beast” realizó una lista completa de sus preferencias durante la campaña del 2008. Una de ellas, “The Rise of Theodore Roosevelt”, una biografía sobre su homólogo escrita por Edmund Morris,“Lecciones sobre el desastre: McGeorge Bundy y el camino a la guerra en Vietnam”, de Gordon M. Goldstein o el clásico de todos los tiempos, “Moby Dick”, de Herman Melville. Claramente, su recorrido lector resulta democrático, de líder cuidadoso o preocupado de la inocua guerra.

A contrapelo de este gran lector, el presidente Trump parece leer a través de su estratega principal Steve Bannon. Este hombre tiene por libro de cabecera una novela francesa llamada “El campamento de los santos”, de Jean Raspal (1973, reeditada en castellano el 2003). Al parecer tiene un público que la acoge, en especial expertos en cuestiones de migración.

Esta pretende ser profética; narra la crisis internacional a partir de una hambruna en la India que obliga a sus habitantes a migrar masivamente hacia Europa. Un anónimo de aquellos “intocables” comenta: “Las naciones se están alzando en los cuatro rincones del planeta” (…) “y su número es igual a las arenas de los mares”. “Marcharán sobre la ancha tierra y rodearán el campo de los santos”, profetiza. Y así sucede. El autor, a quien interesa más las respuestas posibles de Francia que el desafío imaginario, narra cómo los franceses abandonan sus hogares en el sur del país y las filas militares son diezmadas por la deserción, generada porque el hambre y la miseria humanas son mal enemigo para enfrentar dignamente sólo con plomo. En el resto de la geografía planetaria de la pobreza este resultado actúa como señal de punto de partida para otras, múltiples, interminables, invasiones al “campo de los santos”, una alusión al Apocalipsis según San Juan, según una publicación en “La Verdad Ofende”.

El planteamiento de Raspail es reaccionario e inteligente. No sólo traza el conflicto en términos de raza -piel oscura contra blanca-, sino que denuncia los valores del humanismo occidental supuestamente llevados al extremo de la locura: con un cerebro colectivo que parece contar con sólo dos hemisferios -uno dominado por la culpa y otro obsesionado por eludir el racismo- Occidente se condena a si mismo por la tolerancia. Y…¿como se pretende detener la movilidad humana si la riqueza sigue acumulándose en pocas manos y no existen aproximaciones funcionales entre distintos sino su negación? Muros, persecución a indocumentados, eliminación de apoyos en educación y salud, ¿cómo?