Farith Simon

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Todos los estudios sobre expectativa de vida y causas de muerte dan cuenta que los hombres tienen una vida más corta que las mujeres y que hay más muertes violentas entre ellos. En el mundo cerca del 95 % de homicidas son hombres y alrededor del 80 % de sus víctimas también lo son. En el año 2013, el último año en el que encontré estadísticas desagregadas nacionales, 8457 personas murieron por causas externas de morbilidad y mortalidad (una categoría que agrupa todas las muertes violentas), de estas 6654 correspondían a hombres y 1803 a mujeres.

La principal causa de muerte son los accidentes de tránsito (2469 hombres y 603 mujeres), en tanto que víctimas de homicidios fueron 1112 hombres y 159 mujeres. La esperanza de vida promedio es de 75.9 años, 73.2 para los hombres y 78.7 para las mujeres. Estas cifras se explican como resultado de una sociedad que vincula masculinidad con violencia, exposición al riesgo, esto de arreglar las cosas “como varones”, algo tan arraigado en la construcción de la identidad masculina. El ejemplo más cercano, el Presidente reta a sus contrarios a golpes para resolver desavenencias y su entorno lo justifica como algo natural.

Esta comprensión de la masculinidad se conoce como hegemónica, tiene entre otros rasgos la heterosexualidad y una supuesta superioridad frente a las mujeres. Estas ideas no son resultado exclusivo de la naturaleza, de los genes, los estudios dicen que solo en parte se deben a la testosterona, siendo más importantes las causas sociales, como el proceso de aprendizaje que es un componente esencial de nuestra existencia. Asociamos al ser hombre, independencia (autosuficiencia), dominio, poder, belicosidad y una supuesta jerarquía; en tanto que asignamos como condición femenina la dependencia, fragilidad, subordinación. Homogenizamos lo femenino, negamos su diversidad. Así nos educan, así educamos.

Esto nos impide entender que el verdadero problema de la violencia contra las mujeres somos nosotros, asumimos respuestas estereotipadas, limitadas, primarias. Un ejemplo de esto fue la reacción frente a la campaña #NiUnaMenos, que busca visibilizar la gravedad de la violencia a la que se exponen las mujeres en actividades cotidianas como amar, caminar, vestirse de cierta forma, disfrutar de su sexualidad, divertirse o viajar solas. Muchos hombres posicionaron el #niunomenos, una negación de que somos fundamentalmente hombres los que abusamos, que es un hecho extraordinario que una mujer asesine a su pareja por celos, por enojo. La mayoría de homicidas de hombres son desconocidos, en tanto que casi la totalidad de asesinatos de mujeres son perpetrados por conocidos, esposos, parejas, amigos, compañeros, en entornos en los que deberían estar más seguras: nuestro hogar o trabajo.

Nosotros, los varones, somos los principales responsables de la violencia, negarlo es una necedad que no contribuye en forma alguna a superar el estado de cosas en que vivimos, porque somos víctimas y victimarios de una errada comprensión de lo masculino que estamos llamados a deconstruir, me sumo a la campaña #NiUnaMenos

@farithsimon