Marcelo Ortiz

La saturación del poder absoluto

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 73
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 21

En febrero del 2017 los sufragios para cerrar la etapa correísta, harán posible la confirmación de la certeza que está flotando en el pensamiento mayoritario del pueblo ecuatoriano: ha llegado ya el colapso del poder absoluto presidencial. Y sin que sea necesario llegar al nivel de la desesperación, estado de ánimo tan personal, dirán unos criterios, o también aplicado a la colectividad, expresarán otros.

El gran espacio que tiene el tiempo dará cabida a todas las expresiones, a cuyo efecto práctico pueden conducir unas candidaturas de oposición, aunque nuestra idiosincrasia proponga otros candidatos presidenciales; en perjuicio del necesario aglutinamiento para avanzar en la conquista de los votos suficientes. Lo contrario constituye una constelación donde Rafael Correa, como el astro principal intentará el dominio; pero puede tener efecto contrario en el cual los votos adherentes ya no se mantendrán en el nivel suficiente para el triunfo de él, de Moreno o de Jorge Glass el actual vicepresidente, porque se habrán desplazado como efecto de la gravitación que forma un ángulo de saturación que beneficiará con millares de votos hacia candidaturas opuestas.

Quizá el escenario político vaya abriendo el cortinaje hacia otro color que desplace al verde flex, que detenta presencia a lo largo de diez años, para que sea otra coloración la que aparezca y pueda dominar entonces el escenario electoral; a fin de que la mirada del pueblo pueda disfrutar de una alborada diferente a la que fue dominante en estos diez largos años.

La monotonía que tiene intrínsecamente el poder presidencial absoluto, está asegurada con los mismos cuadros que se adhirieron al comienzo, y que han permanecido leales por los beneficios que reciben y comparten dentro de un círculo cerrado de “fieles a la causa”.

Sin embargo de que es difícil el tránsito por el camino que se ha abierto la oposición política, está aureolado de las perspectivas que tiene para ofrecer plazas de trabajo en directa sustitución de quienes actualmente comparten la alta burocracia, y también de la base necesaria de los empleados públicos, en cifras que superan los quinientos mil, y que requiere mantenerlos para continuar usufructuando de los salarios que financia el presupuesto público; a la vez que son la prueba de la ausencia de nuevas empresas privadas que absorban la oferta constante que tiene el mercado de mano de obra de las actuales generaciones ecuatorianas.

Por los elementos analizados, estos once meses que faltan para concluir la etapa correísta serán difíciles, tanto por ahondar la crisis financiera estatal con más endeudamiento, especialmente el contraído con la China, como para aumentar la pobreza con un IVA del 14%.