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Enrique Ossorio

El mundo atraviesa una serie de redefiniciones económicas, culturales y políticas que colocan a la región latinoamericana en un lugar estratégico. Asistimos a una época histórica en la cual Cuba y Estados Unidos retoman relaciones diplomáticas y donde el peso de la región ha adquirido mayor volumen de la mano de los lineamientos discursivos elegidos por el papa Francisco.

Asimismo, los líderes latinoamericanos tienen en el mensaje del Sumo Pontífice una oportunidad para fortalecer sus políticas nacionales como parte de un continente y de un mundo que se encuentra frente al desafío de trabajar definitivamente por saldar las desigualdades y por una convivencia pacífica, más justa y humana. Esta es la clave en la que debemos comprender las palabras de los mandatarios latinoamericanos ante la ONU. Rafael Correa no fue la excepción y volvió a dar un mensaje que es esencial para el futuro de nuestras naciones.

Su discurso tuvo un sentido profundamente humanístico, que adquirió mayor dimensión al ser emitido en el centro del capitalismo mismo. Resaltó la cuestión de las migraciones, en la que señaló que la paradoja es que podamos circular las mercancías y haya un estímulo a ese comercio y en cambio las personas –con la cuestión de la crisis migratoria actual- tengan restricciones para ir en busca de un empleo digno.

Sin dudas, no se puede pensar en desarrollo sin abordar temas como los derechos de la naturaleza, las desigualdades sociales, la inequidad mundial, o la promoción del conocimiento. ¿Cómo redistribuir mejor la riqueza de los países que tienen enorme riqueza natural?

Escuchamos a los presidentes hablar de la solidaridad, la humanidad y la justicia, como valores centrales para volver a balancear los intercambios globales pero también son trascendentales para la administración de los países.

En definitiva, cuando Correa piensa a escala planetaria, más claridad nos brinda respecto a cómo está el Ecuador por estos días en relación a décadas anteriores. Ecuador tiene por delante –como todas las sociedades- distintos desafíos, pero en estos años es innegable que se avanzó mucho.

Parece que muchas veces necesitamos mirar la realidad desde la perspectiva internacional para poner en valor todo el potencial ecuatoriano y darnos cuenta que en Europa o Estados Unidos afloran dificultades que ya no pueden resolverse con bombas o bloqueos.

Hoy el camino, al decir de Francisco, se construye de la mano del diálogo, la integración, la paz, el renacer de las identidades culturales locales y la mejora de la calidad de vida de los seres humanos como meta fundamental independientemente del origen de su cuna. Ecuador y toda la región ya viene dando pasos importantes en esta dirección y tenemos mucho para decirles a los países centrales. Bienvenido sea el discurso de Correa ante la ONU.