Columnista Invitado

Catalunya independent

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David A. Sperber

En el siglo XII, Cataluña se unificó mediante unión dinástica matrimonial entre el conde Ramón Berenguer IV con Petronila de Aragón. Desde entonces ha estado en relación amigable y otras forzadas con los reyes de España y Francia. Durante la Renaixença (siglo XIX) retoma el movimiento independentista del catalanismo que logra crear la Mancomunidad de Cataluña (1914), la II República y la aprobación del Estatuto de Autonomía de 1932 instaurando la Generalitat, que tuvo dos presidentes hasta su suspensión con la dictadura del general Franco, que prohibió los partidos políticos, la educación y uso del idioma de las comunidades históricas, incluyendo el catalán de 1939 a 1975.

En la Constitución española de 1978, se reconocen las comunidades autónomas dentro de España y la aprobación del Estatuto de Autonomía de Cataluña que se define como nacionalidad, el catalán como lengua enseñanza y cultura propia tras los comicios del 27-S.

La falta de acuerdo y fracaso por el rechazo del gobierno de Mariano Rajoy al pacto fiscal de 2010, la promesa electoral de Artur Mas, que busca terminar el déficit fiscal de Cataluña con un sistema parecido al País Vasco de 1978, siendo ahora para muchos y bandera de lucha de Junts pel Sí la “única” solución el Estat Català, independent y la República sin monarquía.

¿Por qué quieren la independencia? Reivindicación histórica sin olvidar que España nunca ha tenido un primer ministro catalán. Esta región es la más rica del país (19% de su PIB), la segunda más poblada, posee industria y servicios, la que más exporta y por hermosa es el primer destino turístico. Los independentistas hablan de una mejor situación y economía. Solo la nueva administración necesitará de inmediato 60 000 puestos de trabajo directos.

¿Pero todo es victoria? No, ya que el principal mercado de Cataluña es el Reino español, seguido de la Comunidad Económica Europea; en el reparto de activos y pasivos entre Cataluña y España en caso de secesión, la primera acumula un pasivo de un 32% de su PIB o 62 000 millones de euros de deuda propia al nuevo Estado y unos 180 000 millones de la deuda de España en proporción al peso de la economía catalana en el PIB, más otros 50 000 millones por el pago de los “bienes españoles” en Cataluña. Para hacer el cuento corto:
290 000 millones de deuda, el 145% de su PIB, un valor insostenible.

La ruptura no pactada constituye la secesión de Cataluña de la Unión Europea y del euro, ¿pero tarde o temprano volverán? Estando fuera de ella -al menos de manera temporal- para ingresar requiere el nou Estat Català de la unanimidad de los demás países incluyendo España y Francia, hoy por hoy renuentes.

Para los amantes del fútbol, el FC Barcelona y RCD Español no podrían jugar en la Liga de Fútbol Profesional, pues solo es para equipos españoles, a menos que resuelvan una afiliación como la del AS Mónaco FC y la Ligue de Francia.