Carlos Alberto Montaner

Para salvar a los palestinos

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29 de julio de 2014 00:00

¿Qué va a suceder en la Franja de Gaza? ¿Ganará Israel o Hamas, la organización terrorista que controla ese pequeño territorio de 360 kilómetros cuadrados, pero con casi dos millones de habitantes?

Lo probable es que haya un alto al fuego, pero ese no sería el fin del problema, sino el comienzo de una etapa más grave donde los misiles volverían a llover sobre Israel, y tal vez desde el sur del Líbano.

Israel está condenado a defenderse, como cualquier país que es atacado por sus vecinos. Se ha dicho otras veces: ¿qué haría Estados Unidos si desde México o desde Canadá las autoridades de esos países les tiraran misiles? ¿Qué haría cualquier Estado en esa situación?

El Ejército israelí no debería abandonar Gaza sin antes descabezar a la cúpula de Hamas hasta el punto en que la organización terrorista no pueda revitalizarse.

Destruir los misiles y los túneles es conveniente, pero provisional. Antes de un año los misiles estarían reemplazados por otros más letales, existirán nuevos túneles y la violencia resurgirá.

El problema es Hamas. El problema de los israelíes y de los gazatíes. Sus fanáticos suicidas, durante años, cometieron 72 atentados y mataron 1 410 judíos, incluidos 96 niños. Pero también han asesinado o ejecutado a centenares de palestinos vinculados a Al Fatah, la organización que gobierna la Autoridad Palestina en Cisjordania.

Al Fatah tiene las manos manchadas de sangre, pero es Hamas la que segrega una extraña filosofía de la muerte. El artículo 8 de su carta fundacional, del 18 de agosto de 1988, lo dice: “Alá es su meta, el apóstol, su modelo, el Corán su constitución, la yihad su camino, y la muerte sobre el camino de Dios, la más eminente de sus expectativas”.

Matar y morir son motivos de goce en esta cofradía del horror. Enviaron miles de cohetes contra Israel para provocar su reacción. Querían que el poderoso Ejército vecino les causara bajas. Por eso utilizaban escudos humanos, escondían misiles y armas en hospitales y escuelas y amenazaban a los civiles cuando huían de la zona de combate.

Israel hace bien en defender a su pueblo –incluido ese 18% de árabes-israelíes--, pero, aunque no sea ese el propósito, la lucha contra Hamas beneficiará mucho más a los palestinos, rehenes de esta banda de fanáticos religiosos. ¿Qué puede desearle, realmente, cualquier gazatí sensato, a una organización que les trae tanto dolor a sus hogares?

No tengo idea de cuántos árabes o israelíes conservarán la vida si Hamas deja de existir, pero supongo que serán muchas decenas de millares. Por otra parte, sin Hamas, será mucho más fácil crear un Estado palestino junto a Israel. Parece que Al Fatah está dispuesto a intentarlo, pero Hamas se interpone.
Si quieren paz en el Medio Oriente, no queda más remedio que liquidar a Hamas. Ése es el camino de la esperanza.