Abelardo Pachano

Inquietudes nacionales

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1. ¿Cómo evalúa la explicación del Banco Central sobre la
desaceleración de la economía?

Las definiciones económicas que se utilizan para denominar lo que ocurre en un momento, en un país, en un sector o lo que refleja un indicador, forman parte de protocolos internacionales perfectamente definidos. La mayoría proviene de estudios académicos y acuerdos técnicos realizados bajo el amparo de las NN.UU. En otros, de acuerdos recogidos por instituciones especializadas de campos que tienen cualidades muy particulares, entre los cuales destaca el mercado de capitales. Responden, en todos los casos, a las experiencias recogidas, a lo largo de muchos años de investigación, de los resultados obtenidos por distintas comunidades del mundo.

Estos protocolos sirven precisamente para estandarizar las calificaciones que deben utilizarse al evaluar datos económicos o un conjunto de ellos, dentro de una nomenclatura definida, que evita la manipulación de los resultados por parte de gobiernos o instituciones cuyos intereses están vinculados. Busca desterrar la subjetivación para ofrecer mayor claridad sobre la realidad motivo del análisis.

Así tenemos que la definición de “recesión” responde al resultado de dos trimestres consecutivos de caída del Producto Interno Bruto (PIB). Mientras “desaceleración” es la pérdida de dinamismo de la economía en uno o varios trimestres, pero siempre con resultados de crecimiento positivo del PIB (perdonen la aparente redundancia conceptual, pero se lo hace para mayor claridad).

Dicho esto, y analizados los datos ofrecidos en esta semana por el BCE, es absolutamente evidente que el Ecuador se encuentra en una etapa recesiva. No hay margen ni duda para otra calificación. Los dos primeros trimestres del 2015 tienen resultados negativos y calzan dentro del protocolo que califica a los resultados de esa forma (se reduce el PIB frente al anterior). En el primero cayó en el 0.1% (cifra revisada, lo cual es usual dentro de los procesos de determinación, pero habrá que ver las razones que la sustentan, pues la anterior información del BCE la calculaba en el -0.5%). En el segundo, la tendencia negativa se agudiza y refleja una contracción del 0.3%. De esta manera, el Ecuador regresa a una etapa recesiva desde el año 2009 y no se sabe cuanto va a durar. Estimaciones iniciales para el año 2016 de varias instituciones internacionales también lo colocan con ese resultado.

Sostener que no existe recesión sino desaceleración por cuanto en términos interanuales todavía hay un crecimiento del 1% comparado con el segundo trimestre del 2014 va en contra de todas las normas y protocolos internacionales. Nadie lo hace en el mundo y su utilización solo ocasiona, para usar un calificativo bondadoso, perplejidad. Tanto es así, que las distintas agencias de noticias internacionales e instituciones emisoras de información económica calificaron, de manera automática los datos expuestos por el BCE como “datos recesivos de la economía ecuatoriana”.

Utilizar eufemismos para ocultar una realidad solo trae desconfianza en los voceros oficiales, que por su trabajo especializado al ser los responsables de la elaboración de estos cálculos, deberían ser más cuidadosos en sus intervenciones.

2. ¿Qué diferencia hay entre contracción y recesión?
Significan casi lo mismo. Se los utiliza indistintamente aunque el término “contracción” puede ser más preciso para calificar la caída del PIB pero solo en un trimestre. El momento en el cual ese resultado se repite de manera consecutiva en dos o más trimestres, es más usual encontrar el término “recesión”.

3. ¿Cómo generar el ambiente para que se mantenga la liquidez del sistema bancario?
Es la pregunta que resolvería el nudo gordiano de la actual recesión, impulsada precisamente por un conjunto de causas que han minado las bases de la economía y evidenciado las debilidades de la actual política económica. En ese plano, la dificultad mayor, aunque no la única, es el desfinanciamiento general de la economía. El país carece de capitales suficientes para operar con normalidad. Ahora ya no se encuentran fuentes que lo alimenten de una manera segura. Le faltan recursos, utilizó todos los ahorros públicos e incluso llevó adelante una política de endeudamiento muy agresiva. Se olvidó de la inversión privada externa y ahora algo se quiere hacer. Tomará tiempo conseguirla, y eso si se la convence.

El primer semestre el gobierno buscó intensamente en los mercados internacionales capitales que estén dispuestos a arriesgarse adquiriendo papeles públicos. Consiguió montos representativos a costos muy elevados y con condiciones de garantías muy onerosas, pero logró atenuar el problema.

Para el segundo semestre, las posibilidades lucen menos promisorias. China no demuestra intenciones de ofrecer más créditos. Tal vez se consiga un poco. Algo podrá venir de los multilaterales, pero en conjunto no parece posible cerrar la brecha fiscal o externa. Esto trae efectos directos en la dinámica del sector financiero que se los aprecia ya con mucha claridad: los depósitos declinan como derivada del desfinanciamiento del país. Y eso continuará hasta llegar a un punto (nivel) que vuelva a encontrar el equilibrio perdido. ¿Cuál será? No lo sé. Mientras tanto, no es posible sostener las políticas crediticias que permiten financiar a la economía, con lo cual se la estrangula más y sufren todas las actividades.

Por ese camino la recesión se profundiza y la solución trae complejidades superiores. De ahí que pensar que en este año el país tendrá crecimiento positivo (el BCE dice del 0.4%) parece poco realista. La mayoría de estimaciones realizadas por distintos institutos y organismos colocan el resultado en color rojo.

apachano@elcomercio.org