León Roldós

¿Bancarización impuesta?

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Correa intentó imponer el dinero electrónico bajo el monopolio del Banco Central. No tuvo éxito por el temor que se “emita” dinero electrónico sin el soporte monetario que debe ser indispensable. La falta de confianza, además, se vinculaba con el temor de que se afecte la dolarización, siempre cuestionada por Correa, en el sentido de que el país, en algún momento, debía recuperar su soberanía monetaria, para así emitir moneda propia.

El reciente veto de colegislador del presidente Lenín Moreno, que será Ley en los próximos días -no hay posibilidad que no lo sea, por cálculo de votos en la Asamblea- traslada el manejo de medios electrónicos de pago a la banca privada y a cooperativas, bajo normativa y control del Banco Central del Ecuador, y condiciona los flujos de la gran mayoría de pagos/cobros en la economía al uso del dinero electrónico.

Así debe hacerlo el sector público y se debe hacer los desembolsos de crédito del sector financiero y la liquidación de seguros de cualquier índole. Además, toda persona jurídica o natural con número de Registro Único de Contribuyentes (RUC) –el universo de los sujetos económicos registrados- deberá identificar una cuenta para transferencias, cobros y pagos en dinero electrónico.

Esto es, se impone la bancarización por el uso de dinero electrónico, pero no bajo el monopolio del Banco Central del Ecuador.
La principal explicación: disminuir drásticamente el uso de las especies monetarias dólares, que el Estado importa, porque el Banco Central sólo puede emitir moneda fraccionaria de menos de un dólar, siempre con respaldo monetario. A las entidades financieras les fijarán un tope para que requieran liquidez del Banco Central –actualmente no existe el tope- y para todo lo que esté encima del tope, cada banco privado debe traer del exterior su propia liquidez.

Por principio, soy contrario a toda imposición. Quisiera que las personas lleguen a la bancarización convencidas de que les es conveniente por seguridad financiera y contra riesgo de robos, al igual que con los años se ha expandido el uso de tarjetas de crédito y de débito.

No hay que extrañar que pueda haber el efecto rebote, que haya quienes se hagan provisión de liquidez “por un acaso” de problemas en la economía ecuatoriana o, específicamente, en los sectores bancarios o de cooperativas, o de que le caiga retenciones por coactivas o por juicios en la función judicial -en lo que muchas veces hay abuso- y no se pueda acceder a cuentas bancarias. También hay quienes rechazan de que sea omnipresente el “ojo” del Estado, ineludible con los medios electrónicos como vía forzada, supuesto que éste vigilará para evitar elusiones y evasiones, pero también hay abusos que se han cometido desde su administración.

lroldos@elcomercio.org