Dimitri Barreto P.

SOS: El machismo en la campaña

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Que Ecuador haya comparecido ante el Comité contra la Tortura de la ONU, en Suiza, no fue sorpresa. El Estado ratificó en 1988 la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanas o Degradantes, adoptada por Naciones Unidas en diciembre de 1984, y debe presentar informes periódicos.

Sorpresa es que ese Comité contra la Tortura incluyera en las sesiones del 8 y 9 de noviembre preguntas por los derechos de las mujeres; la explotación sexual de menores de edad; el acceso al aborto; y los derechos de las personas Lgbti.

El vallado camino hacia la equidad de género en Ecuador preocupa a la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, a la Comisión de la condición jurídica y social de la mujer y al Comité de derechos civiles y políticos de la ONU que han pedido descriminalizar el aborto en casos de violación, el cual se contempla en el Código Integral Penal (COIP) aprobado por la Asamblea Nacional.

Sí, la discriminación preocupa a la ONU. Un eje del marco de cooperación 2015-2018 entre 14 agencias de Naciones Unidas y la Cancillería es buscar estrategias para cambiar las actitudes y prácticas que reproducen la violencia y discriminación contra la mujer.

Entonces, sería deleznable una campaña electoral con políticos avestruz. El 18 de noviembre concluye el plazo de inscripción de candidatos para la Asamblea. La autoridad electoral seguro mirará que se cumplan esos artículos referentes a la paridad de hombres y mujeres en la papeleta (116 de la Constitución y 105 y 160 del Código de la Democracia). Seguro.

Y no. No es lamentable que personajes de TV aparezcan en listas, siempre que no callen para reivindicar derechos. Grave sería que hombres que enarbolan banderas de desprecio a la mujer (hay que mirar a EE.UU.) entren en carrera.

En diciembre, en su aniversario, el Comité contra la Tortura presentará la enésima observación sobre Ecuador. No, antes que golpes de pecho, urgirán actores prestos a cambiar las reglas del juego de un Estado machista.