Andrés Jaramillo

La inexperiencia legislativa de AP

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Alianza País (AP) se acostumbró a legislar sin mayores contratiempos desde que llegó al poder. Gracias a su aplastante mayoría, no tuvo que lidiar con escenarios en los que, por ejemplo, hubiera estado en riesgo el número de votos necesario para aprobar una ley.

La pugna interna, empero, cambió la correlación de fuerzas. En la actualidad, Alianza País se ve abocado a buscar consensos con las diferentes bancadas. Desde las más moderadas hasta las más duras.

Está casi obligado a debatir, a negociar pública y abiertamente; algo a lo que no ha estado acostumbrado en la última década.

Frente a la incapacidad e inexperiencia para hacerlo, Alianza País sigue intentando reconstruir esa fuerza monopólica que le permita tener el control y garantizar la consecución de sus proyectos.

Así, mientras la concreción de la consulta popular copa la atención mediática, en la Asamblea Nacional se cocina una estrategia para sacar del juego a quienes puedan resultar incómodos o, eventualmente, convertirse en un rompevelocidades de la agenda oficialista. Y no solo los correístas, como apuesta la oposición, sino que también podrían quedar fuera representantes de bancadas que no quieran alinearse.

Una de las vías podría ser el Pleno del Legislativo. Es decir que mediante una votación puedan ser relevados presidentes y vicepresidentes de comisiones legislativas claves. Otra alternativa, mencionada incluso por el presidente de la Asamblea, José Serrano, sería la conformación de mesas paralelas, ocasionales, para que tramiten las leyes, en concordancia con el precedente que deja la actual comisión que se encarga de aplicar la consulta popular del 4 de febrero pasado.

En cualquier caso, el resultado sería el mismo: el retorno a un modelo de gobierno legislativo basado en la concentración de poder y la imposición, en lugar de un modelo democrático en el que primen la discusión y el debate entre los representantes de la ciudadanía, para resolver los asuntos públicos.