Alfredo Negrete

Empate de local

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Lo que sintieron los hinchas barcelonistas cuando empataron de locales contra el Aucas, deben haber experimentado los funcionarios y militantes al gobierno luego de que el árbitro -o jugador número 12- dio por terminado el debate histriónico de la semana pasada.

Además del símil con un encuentro de fútbol, también puede ser el de una fotografía que, en un instante, refleja una parte de la realidad ecuatoriana: a) Imposible avanzar con aportes y conclusiones, a pesar de la situación nacional. b) Debe ser el último espectáculo oficial de esta naturaleza; pues el predestinado a la gloria del triunfo no logró tal éxito. c) El organizador de la obra debe ser sancionado. Contrató de moderador a un ‘showman’ que se llevó la unanimidad de los rechazos, teniendo a Carrascal a la orden, es increíble lo acontecido; luego, nunca se supo qué hicieron los ministros fingiendo ser apuntadores como en las antiguas obras de teatro; finalmente, debe haber una explicación de la manipulación de jóvenes en el escenario y de las barras bravas en las afueras del set amedrentando a los invitados. De Venezuela y Argentina hay malos ejemplos, pero también cosas buenas de imitar.

En cuanto a los invitados cada uno cumplió su papel, en la Costa se llama ‘burro amarrado’. El primero por la presentación social en el escenario nacional, beneficiario de la condescendencia explícita que fue objeto. Cumplió como precandidato, candidato o asesor en oferta; el otro diciendo públicamente que estudia el desierto escenario político quiteño y que con su osadía puede hacer en la capital un verdadero “viernes negro” y arrasar con todo, luego de que el Alcalde termine su existencia en las cavernas del Metro. El otro, profesional en economía, supo desde el inicio que se enfrentaba a un contrincante y a un árbitro que se graduó de conductor de tarima electoral antes que de periodista. Obviamente, necesitaba más espacio, pero dejó en claro que no lo llamen cuando sea la hora de los patólogos.

Solo por efectos comparativos. Mientras que en el Ecuador se produce este remedo de conversatorio, en Argentina, el 15 de noviembre se producirá el debate entre los finalistas a la segunda vuelta Mauricio Macri y Daniel Scioli; la ONU garantiza que no moderará el que estuvo en el programa que se montó en la sede de la Unasur. En el Río de la Plata las condiciones son diferentes.

Scioli tendrá que agotar sus esfuerzos para que el continuismo peronista triunfe sobre la posibilidad del cambio. Reconocen que la cancha en la percepción ciudadana no está a su favor. En Venezuela, mientras tanto, el 6 de diciembre, solo los tanques en las calles podrán derrotar a una oposición acicateada por las denuncias de vejámenes sexuales a la esposa de un opositor encarcelado por discrepar públicamente en un país cuyo gobierno usurpó el nombre del Libertador de cinco naciones.
Ecuador es otra cosa. Sucede algo raro. Se trata de ver la jornada desde las tribunas, aunque no exista ruedo y el toro esté amorcillado.