Rodrigo Fierro

Opinar: cosa seria

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28 de June de 2012 00:02

Desde que mantengo esta columna, llevado por la imperiosa necesidad que sentía de opinar en un medio de comunicación como EL COMERCIO, sobre temas que consideraba como que no eran de mi sola incumbencia y que una parte de la verdad sí me asistía, no he dejado de hacerlo en actitud calificada por algunos como temeraria. Necesario este proemio por lo que viene.

Al cumplirse 40 años que exportamos petróleo, lo que pocos recuerdan es que el Gral. Rodríguez Lara tomó las riendas del Estado con el apoyo de las FF.AA., ante el terror que producía el que ‘los políticos’, representantes de los poderes fácticos, fueran quienes dispusieran de esos cuantiosos recursos. Había antecedentes como cuando pasaron a tales manos el producto de las grandes exportaciones de cacao, café y banano: unos se volvieron inmensamente ricos, la gran mayoría no salió de la pobreza. Miles rodaron a la miseria como esos desventurados campesinos manabitas que vieron como la deforestación que sufrían los campos y se los destinaba a la producción de café, por falta de lluvias se volvieron desiertos que también acabaron con los cafetales. Con lo que tenían a mano tuvieron que huir a Santo Domingo de los Colorados y al Oriente.

Para cuando en 1972 salió el primer barco con petróleo ecuatoriano, nuestro país se aproximaba a los índices de desarrollo humano de Haití, a tiempo que nos íbamos africanizando. Aunque parezca increíble, nos habíamos acostumbrado a una pobreza cordial -opinión de Alejandro Carrión en este mismo Diario-, y desde luego seguíamos produciendo pasillos de una tristeza infinita. Subdesarrollado y deprimido hasta la médula, como no ser acciones aisladas –el puente sobre el río Guayas, digamos-, a nuestros ‘estadistas’ se les caía el mundo encima cuando llegaban al poder. Y así, salud, educación, vialidad, agricultura e industria, por los suelos. “El pensamiento político ecuatoriano había llegado a ‘enanizarse’ y el tiempo era de muñecos”, expresión de Pedro Jorge Vera.

Lo que está por definirse con honestidad es lo que nos han significado estos 40 años de petrodólares, especialmente los cinco últimos. Un portento: ha emergido una clase media que no existía, a la que no se la podía impedir que compre un carro, tener un pequeño departamento, adquirir electrodomésticos que hicieran menos duras las labores domésticas, viajar de vacaciones a la costa y hasta a Miami. Lo mismo, exactamente lo mismo, en cuanto a los grandes empeños en educación, salud, agricultura, construcción de centrales hidroeléctricas, carreteras, silos estatales. Que ello supone endeudarse, desde luego. Para eso uno trabaja y cuenta con petróleo y grandes yacimientos de minerales preciosos. ¿Qué es un riesgo? ¿Desde cuándo los mercados manipulados por las corporaciones no han sido un azote para los países periféricos?