Monseñor Julio Parrilla

No se olviden del Niño

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Me pregunto si en medio de tanto jolgorio, pases, luces, árboles, estrellas, regalos y cenas, seremos capaces de ver al Niño en el pesebre. Hoy es Navidad y, posiblemente, mucha gente no repare en el significado de lo que celebra. Lo más fácil es permanecer en la epidermis de la vida, dejarnos llevar por la rutina y no profundizar demasiado… En esta ocasión me van a permitir que, aunque tenga un cierto sabor a homilía, mi columna exprese de forma narrativa qué celebramos los cristianos.

El evangelista dice que la gloria del Señor iluminó la noche y que los pastores se llenaron de temor.

Es curioso que el hombre no tenga miedo a las tinieblas sino a la luz. Por eso el anuncio empieza con estas palabras: “No teman”. También hoy estamos necesitados de que alguien nos ayude a superar nuestros temores, en medio de un mundo convulso, violento y enfrentado, en el que tan difícil resulta encontrar el camino de la verdad. Quien no ponga estos días más luz y verdad en su vida no podrá celebrar la Navidad.

La “gran alegría para todo el pueblo” no hay que confundirla con cualquier bienestar, satisfacción o disfrute. Proviene de la Buena Noticia de Jesús y tiene que llegar a todos, especialmente a los sufrientes, a cuantos luchan día a día por su pan, su trabajo, su dignidad. De pronto, las ideologías, los intereses, las altas políticas, quedan opacadas por la necesidad de un amor mayor, representado por un pequeño y humilde niño. Un amor capaz de juzgarlo todo, también nuestra incapacidad para el diálogo. A raíz de lo sucedido en Morona Santiago, ¿seremos capaces de renunciar a la violencia, sentarnos a la mesa del diálogo y consensuar políticas que respeten la vida y la dignidad de las personas y de los pueblos? Si en este tema (tanto como en otros) logramos la paz, el diálogo y el consenso, podremos celebrar una Navidad feliz y el próximo año, gobierne quien gobierne, podrá ser una oportunidad de encuentro y de paz.

Mucho la necesitamos, La Navidad nos recuerda que ya no estamos perdidos en nuestra inmensa soledad, en esta jungla de intereses económicos y políticos. “Ya no somos solitarios, sino solidarios” (Leonardo Boff). Dios comparte este camino por hacer nuestra vida más humana, fraterna y dialogal. Y esto lo cambia todo. Por eso la Navidad es siempre para los creyentes una llamada a renacer, a reavivar la esperanza, la solidaridad y la confianza en el Padre de Jesús.

Les recuerdo las palabras del poeta Angelus Silesius: “Aunque Cristo nazca mil veces en Belén, mientras no nazca en tu corazón estás perdido para el más allá; habrás nacido en vano”. Así son las cosas: en tu corazón y en el de la patria hay que dar oportunidad a la convergencia, al encuentro y a la unidad a la que nos convoca el pequeño Niño. Es lo que hoy pido para todos los ecuatorianos, cualquiera que sea su raza, cultura, creencia o religión. Feliz Navidad.