Pablo Ortiz García

“Ni ojo en carta ...”

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¿Usted cree que las autoridades de este gobierno reconocen y garantizan el derecho a la inviolabilidad y al secreto de la correspondencia física y virtual? Pues estimado lector, yo no creo. Aquel refrán que repetía mi abuela “ni ojo en carta, ni mano en plata”, en los últimos años, ocho para ser exactos, cayó en desuso. ¡Ni qué decir del “ni mano en plata”! Revisan toda comunicación de gente que no es de su grupúsculo. Nos siguen creyendo ingenuos y cobardes, pero el pueblo se está soliviantando.

¿Ahora qué pasó?, me imagino se preguntará. Otra maravilla de la Revolución Ciudadana: emitieron, a través de un “organismo independiente” (me refiero a la Fiscalía General del Estado), el Reglamento que legaliza “la interceptación de comunicaciones o datos informáticos”. Se lo publicó en el Registro Oficial del jueves pasado. A través de este “Reglamentazo” darán rienda suelta a la intromisión en la vida íntima de cualquier ciudadano. Ahora juzgarán todos los actos privados del ser humano. La inviolabilidad del secreto de sus comunicaciones, es, a partir del 20 de agosto de 2015, un mito. Este gobierno, según se dice, venía realizando “escuchas” sin sustento legal desde hace algunos meses. Ahora los funcionarios públicos fisgarán en su vida y en la de todos si consideran que hay razones de seguridad pública y de Estado.

Nuevamente usted señalará que no es así. Yo le refuto mencionando que el artículo 2 del Reglamento, determina los delitos por los cuales la Fiscalía puede solicitar al juez intercepte su comunicación. “Sólo” son 21 casos, pero como no podían seguir enumerando cada una de las causas por las cuales se entrometerán en su vida, agregaron una frase como si no se dijera nada, acaso pensando que los habitantes de Ecuador son realmente idiotas. Se ordena que a parte de las conductas mencionadas en este artículo, “no se excluye a cualquier otro delito tipificado y sancionado en el Código Orgánico Integral Penal”, COIP. Es decir, siempre nos espiarán, y lo peor ¡será legal!

¿Confía usted en las principales autoridades de las Funciones del Estado? Si su respuesta es positiva, no haga caso de lo aquí expresado. Si desconfía, entonces, piense que mientras usted habla por teléfono, envía un correo electrónico, escribe un “whatsapp”, o a la usanza de siglos pasados, remite una carta por correo aéreo, lo que usted expresó ya está en manos de la Gestapo... perdón, de la secretaria de comunicación del que sabemos.

Su privacidad desapareció. Usted quedó indefenso ya que el Reglamento legalizó este proceder. El secreto de las comunicaciones es tema del pasado, de aquella época en la que los presidentes no eran resentidos ni buscaban ejercer el poder para actuar con odio, delito también previsto en el COIP.
A propósito, ¿quién interceptará las comunicaciones de los gobernantes?