Gonzalo Maldonado

O’Donnell in memoriam

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11 de December de 2011 00:36

Hace 15 años, Guillermo O’Donnell –prestigioso politólogo argentino que acaba de morir– contribuyó al entendimiento de la política latinoamericana con un ensayo en el que describió‘una nueva especie de democracia’: la democracia delegativa (DD).

A diferencia de su prima hermana, la democracia representativa, que funciona a través de instituciones que se dividen equitativamente el poder, la DD utiliza elecciones directas para legitimar las decisiones de un solo gobernante, quien actúa al margen de restricciones legales, explicó O’Donnell.

La DD también es marcadamente individualista –agregó este académico– porque exige que los votantes escojan a un personaje para que gobierne el país, sin que importe demasiado su plan de gobierno o su afiliación ideológica.

Al final de las elecciones, que son altamente emocionales y desprovistas de debate, se espera que los electores se conviertan en una audiencia pasiva que se limite a aplaudir las decisiones del gobernante. Finalmente –explicó O’Donnell– en una DD no existe rendición de cuentas horizontal (entre Ejecutivo y Legislativo, por ejemplo) sino solo vertical, es decir entre el gobernante y los votantes.

Por tanto, la DD no es un régimen democrático completamente liberal, institucionalizado ni consolidado. La DD es, más bien, un sistema intermedio que podrá hacer menos tortuoso el proceso de toma de decisiones –porque el gobernante las adopta unilateralmente sin que exista un contrapoder– pero que, a la larga, es más proclive al error precisamente porque no promueve un análisis detallado de la política pública.

Es obvio que Ecuador tiene fuertes componentes de una democracia delegativa. ¿Qué significa esto para nuestra vida política? ¿Qué conclusiones podemos extraer para mejorar la calidad de nuestro régimen democrático?

Que libertad no es lo mismo que democracia. La libertad es el producto del imperio de la ley que, a su vez, se sustenta en la amenaza de una fuerza pública profesional. La libertad ha prosperado gracias a que existe un poder institucionalizado. Esto significa que la libertad –entendida como la plena vigencia de nuestros derechos civiles– nos es otorgada y garantizada por un sistema bien establecido de debidos procesos y no por la generosidad del gobernante.

La DD agita la escena social y crea expectativas inalcanzables entre los ciudadanos. Los políticos irresponsables aseguran que ‘esta vez sí’ el proceso electoral arrojará soluciones definitivas a sus problemas. Ingenuamente, los ciudadanos creen esas promesas y votan, pero al final del día sus problemas siguen ahí. Como es obvio, esto crea frustración y desencanto en el sistema democrático, por lo que muchos comienzan a creer –también ingenuamente– que su país requiere de una dictadura.