Rodrigo Fierro

Las ñustas andinas

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Uno de los Primeros Cronistas de Indias señala la altivez de las ñustas y pallas que se las veía pasar por las calles del Cusco transportadas en andas de baldaquino. Hijas o sobrinas del Inca, formaban parte de la prestigiosa estirpe de los hijos del Sol. Fue Stuart Stirling quien estudió “El trágico destino de las princesas incas”. Una suerte de política de Estado les llevó a los españoles a humillarlas hasta límites extremos. Se las despojó de todo respeto. En la miseria, emputecidas, se las veía pidiendo limosna por esas mismas calles de la que dejó de ser la capital del Imperio del Sol. Con ellas, así concluyo un mito. No obstante surgió la “ideología mesiánica del mundo andino”: un Inca redivivo, enviado por el Sol, vendría con el propósito de liberarle a su pueblo de tanta servidumbre. El mesianismo se ha mantenido en la Región hasta hace poco.

Lo antedicho, mi reacción: sentimientos y pensamientos, cuando vi en EL COMERCIO de Julio 23, toda una página con la fotografía, nombres y procedencia del grupo de candidatas a Ñusta Andina. Se las ve preciosas, discretamente sonrientes, con un aire de dignidad y, en algunas, con esa altivez descrita por los primeros españoles que las vieron. Ahí está Jeyna Chuquín, de Karanki, con los ojitos algo rasgados.

Son las representantes de los pueblos que han resistido el embate de los señores de horca y cuchillo que han ido sucediéndose desde hace 500 años, hasta ayer nomás. Todo fue que con la abolición del huasipungo tuvieran un pedazo de tierra propio y la libertad de trabajar donde quisieran. Todo fue que consumieran sal yodada para que desaparecieran aquellos que les daban hablando. Todo fue que rompieran el “mito de la escuela” para que llegaran a universidades y politécnicas. Ya se verá como al igual que Guayasamín en el campo de las artes, en el de las letras contribuyan al engrandecimiento del idioma español. Nuestro español, en el que se expresan cientos de pueblos cuyos espíritus y cosmovisiones son el resultado de circunstancias históricas diferentes. Nuestro español, idioma moderno como el que más. Lástima grande que perdimos la posibilidad de constituirnos en un pueblo bilingüe hispano-kichua.

No. Ya no se repetirá la historia de don Jacinto Collahuazo, cuyas memorias sobre las guerras fratricidas ente Huáscar y Atahualpa, fueron quemadas para que los indios no se atrevieran a leer y escribir, arma poderosa de los conquistadores. La obra y la memoria de un indio ya no serán lapidadas durante cien años como ocurrió con el ‘indio Espejo’, precursor de todas nuestras independencias.

Le cabe a la Universidad Andina Simón Bolívar Sede Ecuador, desde su fundación con Enrique Ayala Mora como Rector, el lustre de haberles abierto de par en par las puertas físicas y mentales de aquel claustro a los indios ecuatorianos.