Carlos Rojas

Un nuevo Velasco Ibarra

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Independientemente de si en el paquete de enmiendas constitucionales se incluye o no la transitoria que impediría al Presidente y a los asambleístas con dos períodos consecutivos participar en las elecciones del 2017, el sistema democrático que vive el país quedará marcado para el futuro.

La Constitución de Montecristi, aprobada en el 2008, obliga a que la política ecuatoriana se renueve forzosamente cada ocho años. Por eso está permitida una sola reelección para todas las autoridades.

Hay muchas voces que dicen que difícilmente la cultura política de una nación puede cambiarse desde la trama jurídica. Por eso las constituciones, cuanto más rígidas son, su reforma o reemplazo es más factible.

Aquello ocurrió con la de 1979 que en su afán de cerrar la puerta al caudillismo obligó a que el sistema político ecuatoriano se asentara sobre un bien delineado régimen de partidos políticos, donde la figura de la reelección estaba totalmente prohibida.

Pero como los caudillos se adueñaron de los partidos, las circunstancias forzaron a modificarla (en 1983 y 1994, por ejemplo) y en 1998 se la reemplazó por un nuevo texto. En esos cambios, la reelección de los mandatarios fue permitida pasando un período y para el resto de dignidades era indefinida.

Las próximas reformas de Alianza País darán aliento a esa política populista más allá de que Rafael Correa se candidatice o no en el 2017. De esta manera, la puerta jurídica quedará abierta para que él juegue en adelante el papel preponderante que Velasco Ibarra tuvo en el Ecuador entre los años 40 y 70.

Si Correa, como lo ha repetido varias veces, se va a Bélgica al finalizar su Presidencia, se convertiría en el nuevo ‘gran ausente’, siempre presto a volver cuando ‘su pueblo’ así lo requiera. Las nuevas enmiendas alentarán a que Alianza País tenga lista su maquinaria y así facilitar a Correa todas las candidaturas que necesite para mantenerse en el poder. El mapa correísta ya está trazado. Solo dependerá de cómo la oposición logre que el Ecuador no dependa, a futuro, de esa figura.