El nuevo Manabí

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 5
Triste 1
Indiferente 0
Sorprendido 6
Contento 63

Walter Andrade Castro
Columnista invitado

Hay un rasgo particular que define la personalidad de los terremotos: son impredecibles. La convulsión sísmica que sacudió a Manabí y a otras provincias del país nos tomó por asalto y, en consecuencia, nos encontró tan vulnerables como siempre. Pero ahora, sin embargo, la tragedia nos exige ser más fuertes que nunca.

No es una pelea justa, pero es la pelea que vamos a ganar. Hemos tomado la decisión de seguir existiendo mientras enterramos a nuestros muertos y curamos a nuestros heridos: continuar con el dolor a cuestas porque en este preciso momento no hay otra forma. Manabí empieza a levantarse de a poco y aunque el alma nos sigue temblando a unos, nos alimentamos con la fuerza de los otros. No hemos tenido tiempo ni calma para dormir porque hemos vuelto a las calles, a trabajar, a recuperar nuestro espacio en este mundo. Si bien los detalles de la tragedia se han compartido tanto en medios de comunicación como en redes sociales, la realidad de quienes fuimos atravesados por ella no puede ilustrarse con imágenes ni consolarse con mensajes de apoyo.

La reconstrucción de Manabí comienza dando pasos lógicos dentro de una circunstancia económica que nos juega en contra. Y es aquí donde las cosas toman un giro inesperado y tenemos que hablar de dinero.

Lo primero que debemos hacer es asegurar recursos, para así poder destinarlos a metas puntuales relacionadas a la reconstrucción de la provincia. Nuestra prioridad debe ser reactivar todos los sectores afectados por el terremoto, revivir todas las actividades interrumpidas por este desastre natural.

Es preciso que los manabitas volvamos a sembrar la tierra con nuestros recursos, por ejemplo, pues si ellos son empleados en cualquier otra urgencia, volver de las ruinas, que es donde hemos quedado, tomará mucho más tiempo de lo esperado y será como tratar una enfermedad en vísperas de la muerte.

Todos estamos en la obligación de administrar con sabiduría los fondos de la reconstrucción, definir en qué serán empleados y vigilar de cerca la creación de leyes que estén a la misma altura que el caos.

¿Quién administrará los fondos públicos que se destinen a Manabí? Si el Gobierno crea un comité, corporación o junta para la reconstrucción, está muy bien. Pero antes de hacer algo, lo mejor sería escuchar a la gente que perdió y que trata de volver a una normalidad que ya jamás será, del todo, normal. Nadie más que ellos para saber de sus martirios. Que vengan y se den cuenta de todo lo que hay que hacer. Que nos ayuden a reciclar localmente los recursos de la reconstrucción para engendrar un círculo virtuoso.

En Manabí, donde las réplicas nos roban cualquier asomo de descanso, confiamos en el Ecuador solidario y generoso para construir juntos el nuevo Manabí.