Grace Jaramillo

Nuevo comienzo

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3 de agosto de 2014 00:05

Hace más de un año que estoy ausente de este espacio editorial, después de más de diez años de escribir en él. Mi ausencia fue necesaria por varias razones, la principal de ellas, enfocarme por completo a mis estudios, pero también la necesidad urgente de repensar el país, repensar mi contribución al debate nacional. La ausencia fue dolorosa. Me di cuenta que, como pocas cosas, tengo pasión por escribir sobre el país y el mundo en el que vivo; pero a la vez una persistente indignación por lo que considero está profundamente mal en él. Reconozco también que –como otros colegas- me entró un pesimismo profundo por lo que se volvió una lucha de David contra Goliat para convencer a la gente de que es necesario ponerse unos lentes más críticos para leer la realidad y no solo asumirla como viene en la propaganda. De que la libertad es un principio, no un instrumento subdivisible y asignable a cuentagotas. El pesimismo resultaba aún más pesado al ver a los más jóvenes –los que deberían tener la rebeldía en las venas todavía- asumir verdades absolutas, restricciones impensables, en pos de amplias comodidades pequeñoburguesas, del éxito fácil y sobre todo, del ascenso rápido a las veleidades del poder con autos, guardaespaldas, celulares, convertidos en el nuevo sueño ecuatoriano. Un ex alumno me dijo que el lema de muchos jóvenes es : pasa por Senescyt y te cae una beca ó hazte verdeflex y te cae una subsecretaría o mejor, un ministerio…

El optimismo renació cuando fue claro que no son todos y que muchos están dispuestos a sacrificar su seguridad personal y comodidad por salvar un parque nacional y reliquia mundial de biodiversidad de la que no depende sus vidas y quién sabe, ni siquiera conocen. Los jóvenes Yasunidos dieron una lección de que es posible dejar de lado la inercia y de que la derrota a veces es más importante que el éxito, por el efecto esclarecedor para quienes no tienen poder o no lo persiguen. Por eso, mi columna cambiará de voz, estará particularmente dedicada a ellos, a los jóvenes de años y de corazón. A los que claramente han optado por empezar cambiando ellos mismos para cambiar la realidad. Muchos pensarán que es una locura re-empezar una columna en el peor momento para hacerlo, pero quién soy yo al lado de muchos otros que sí han hecho sacrificios para defender sus ideas. Por lo demás, mis ambiciones son modestas, si logro al menos prender la reflexión en un par de consciencias, habré cumplido una misión. Tengo el convencimiento de que éste momento de la historia ecuatoriana -por duro que parezca- puede convertirse en un aprendizaje para todos si lo tomamos como una oportunidad para corregir errores del pasado, de los cuales todos somos -en mayor o menor medida- responsables y desterramos para siempre esos legados patriarcales y divisionistas. Reencontrarnos con el mundo en que vivimos es otro de nuestros grandes desafíos. Veamos cómo va, por ahora agradezco este nuevo comienzo.