Marcelo Ortiz

Nueve años de correísmo

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Son casi nueve años de ejercicio por parte del correísmo de un poder presidencial absoluto, y aún falta un año y medio más para concluir su segunda reelección y completar 10 años y medio.

Para amplios sectores del pueblo en las tres regiones ecuatorianas, ya es tiempo suficiente, porque hasta mediados del 2017 habrá cubierto más de una década, quebrando a la tradicional alternancia necesaria en todos los regímenes democráticos. Ha gozado de abundancia económica de la cual no quedan ahorros ni reservas, porque todo se ha gastado. Estos elementos han formado una corriente ciudadana que presiona un urgente cambio político.

La Asamblea Nacional, con una mayoría absoluta de 100 votos fieles a ese poder presidencial, lo complementan, para reasegurar la estabilidad política hasta la posesión del binomio triunfador en las elecciones del primer semestre del 2017.

Este prolongado período no ha sido la constante histórica como República del Ecuador, y así lo consideran, en evidente mayoría, sectores de todas las clases sociales. Por estos elementos analizados, el 2016 es crucial para salir de esta inédita y larga etapa, que solamente va a ser superada por los sufragios de ese anhelado 2017, que ya aparece en el horizonte político.

Aquel desconocido ciudadano Rafael Correa, a los 42 años de edad, venció en las urnas el 2006 a Álvaro Noboa, el legendario candidato perdedor. Utilizó su imagen renovadora para esaépoca que ya cumplió el ciclo y, al igual que las sabatinas, está visiblemente deteriorado, porque saturó el mercado político.

Llegó bajo el alero de esa “lucha de contrarios” que proclamaba el marxismo-leninismo en aquellos tiempos de novedades revolucionarias al estilo de la URSS, que en el siglo XXI han quedado descubiertas como procesos fracasados.

En la realidad ecuatoriana, si bien quedan rezagos de esas añoranzas, ya no tienen respaldo de mayorías, que señalan otros rumbos distintos, pues ha hecho crisis la economía nacional al irrumpir las nuevas generaciones en el mercado laboral reclamando fuentes de trabajo que no existen por la falta de inversión privada. El espejismo de la burocracia estatal desde los altos niveles bien remunerados no abrió los espacios para que se constituyan empresas que serían la sustentación del salario básico y las remuneraciones medias del sector administrativo.

Ese es el inexorable camino sin retorno del populismo correísta en términos económicos, que ha aumentado el endeudamiento externo, ha roto los límites de una burocracia administrativa y continúa con el subsidio gigante del precio de la gasolina.

Al bordear los 18 meses finales, la crisis de la caja fiscal será evidente, los fondos de salud de la Seguridad Social han sido recortados, el salario básico casi no tiene incremento, cuando más, una dádiva de pocos dólares; hay disminución mínima de servidores públicos, se han suprimido las bonificaciones por jubilación. Y la canasta básica superó los 650 dólares.

mortiz@elcomercio.org