Sebastián Mantilla

Nueva guerra en Colombia

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Acaba de terminar la X Conferencia de las FARC en los llanos del Yarí. Fue la última como grupo guerrillero y la primera como movimiento político en formación.

Y aunque la firma del acuerdo de paz con las FARC pondrá fin a 52 años de conflicto, preocupa que, con la desmovilización de ciertos territorios, ese espacio sea ocupado por el ELN (Ejército de Liberación Nacional) y bandas criminales.

Mientras el gobierno del presidente Juan Manuel Santos está concentrado en acompañar el proceso de paz (habrá unidades de la Policía y del Ejército que vigilarán las zonas en que la guerrilla entregará las armas), recientes informes de la Fiscalía confirman la presencia del ELN y grupos criminales (principalmente los Úsuga) en zonas tradicionalmente controladas por las FARC como son El Chocó, Cauca, Nariño, Norte Santander e incluso del Meta y Guaviare.

Esto abre la posibilidad de nuevos escenarios de conflicto alimentados por las disputas entre grupos armados para apropiarse del “combustible” del crimen en Colombia: la extorsión, la droga y la minería ilegal.

En Nariño, por ejemplo, en donde existe la mayor extensión de cultivos de coca en Colombia (29 755 ha), en las últimas semanas se ha registrado la presencia del ELN en los antiguos feudos de la temida columna de las FARC, “Daniel Aldana”.

La alcaldesa de Tumaco, María Emilsen Angulo, ha solicitado ayuda al gobierno para neutralizar la presencia de nuevos grupos armados y frenar la violencia. En lo que va del año, en Tumaco se han registrado más de 80 asesinatos.

En Anorí, municipio de Antioquia, se ha reportado el cobro de “vacunas” ya no por parte del frente 36 de las FARC sino del ELN. Lo extraño, según se informa Diario El Tiempo, es que los recién llegados “tienen toda la información de las víctimas y su capacidad de pago, como si hubiesen recibido todo el plan de datos de los anteriores capos”.

Curiosamente, de acuerdo a informes de la Fiscalía, se ha reportado que en las últimas semanas una de las columnas del ELN en Tumaco ha pasado de 30 a 100 hombres.

Si hasta hace poco se calificaba al ELN como “hermano menor de las FARC” o como un grupo armado débil, el cual debería dejar la lucha armada tras los acuerdos de paz, tengo la impresión que puede ocurrir todo lo contrario: fortalecerse. El negocio del narcotráfico, la extorsión y la minería ilegal le darán ingentes recursos. Si a esto añadimos que los “elenos” son más radicales que las FARC, estaríamos ad portas de un nuevo capítulo de la violencia en Colombia.

En consecuencia, pese a que es positivo la firma de un acuerdo de paz con las FARC, da la impresión que la guerra en Colombia continuará mientras exista el “combustible” que nutre a los grupos armados y no se emprendan acciones concretas para resolver los problemas estructurales de Colombia.

smantilla@elcomercio.org