Ana María Carrasquilla

No pidamos una navaja suiza

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1 de January de 2013 00:01

En Navidad nos reunimos en familia, y entre los hermanos empezamos a recordar los mejores y peores regalos que recibimos de chicos. Uno de los más preciados fue una navaja suiza que recibieron mis hermanos hace muchas navidades. Tenía no sólo la navaja grande y una pequeña sino lupa, desarmador, sierra y un sinfín de otras herramientas dentro de la misma pequeña navaja roja. Parecía que esa navaja podía resolver cualquier problema y la solución estaba en sus bolsillos.

Así de fácil quisiera cualquier país tener resuelto sus problemas frente a los múltiples riesgos que enfrentan. Pero una de las principales lecciones de economía básica es el valor de la especialización. Si se quiere hacer bien las cosas lo mejor es que no se pretenda hacer de todo como si fuera navaja suiza. Para los países esto puede ser una complicación pues implica tener un diálogo con múltiples ventanillas de potenciales soluciones.

Los países de la región aún necesitan financiar su desarrollo y para ello cuentan con la CAF-Banco de Desarrollo de América Latina que ha sabido ampliar su presencia en toda la región. Los países necesitan financiamiento especial frente a eventos de alto impacto aunque de baja probabilidad como los terremotos y tanto el Banco Mundial como el BID han desarrollado productos para financiar a los países que podrían verse afectados.

Los países también tienen necesidades de liquidez internacional cuando los mercados se cierran o cuando por algún problema las reservas internacionales que acumula el banco central resultan insuficientes. Para este tipo de riesgos, la región cuenta con el Fondo Latinoamericano de Reservas que si bien sólo agrupa a 7 países de la región ha sabido desarrollar en sus más de 3 décadas una tarea importante: prestar poco pero rápido ante problemas de liquidez internacional. Para grandes problemas, los países tienen al Fondo Monetario Internacional. Los países prudentes mantienen varias líneas de defensa frente a riesgos de este tipo. El FLAR es sólo una de ellas. Algunos países quieren que el FLAR o el recién creado aunque inoperativo Banco del Sur sean las cuchillas suizas de la arquitectura financiera regional. Si uno utiliza el mismo paraguas para diferentes riesgos lo más probable es que cuando realmente lo necesite ya no sirva.

En una nota reciente Katiuska King sugiere que “La lógica que debe primar en el manejo de las reservas parte del principio de asegurar una canalización del ahorro hacia la inversión de la región, minimizando la exposición de los recursos a los problemas financieros externos”. Espero que los países no sigan este principio pues se mezclan dos necesidades. Los países necesitan recursos para protección a shocks de liquidez y recursos para invertir en su desarrollo. Los primeros los debería proveer el Banco Central, los segundos debería hacer el Ministerio de Finanzas. No confundamos los bolsillos.