Carlos Larreategui

No al voto obligatorio

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25 de May de 2011 00:01

Un factor importante del neopopulismo ecuatoriano es el “voto obligatorio, largamente debatido en círculos políticos y académicos. La izquierda y el caciquismo han defendido a muerte el voto obligatorio bajo el argumento de que se trata de un deber cívico que permite dotar de representación política a sectores sociales que normalmente no acudirían a las urnas. Estos grupos han vertido mucha tinta tratando de probar, sin éxito, que la obligatoriedad del voto tiene, además, un impacto positivo en las políticas sociales. Al final, resulta muy difícil disfrazar de principios los cálculos electorales precisos que estos sectores políticos realizan a la hora de debatir este controvertido tema.

La hipótesis de este artículo es que la votación obligatoria ha sido un factor altamente perturbador en la consolidación democrática del Ecuador y un nutriente fundamental de las clientelas políticas y populismos. Una mayor democracia no necesariamente es una mejor democracia. La participación política real requiere conocimiento e información; sin ello, los votantes son presa fácil de la manipulación y engaño. La última consulta popular demuestra que AP puede aún ganar elecciones despreciando la razón y apelando a emociones y sentimientos vindicativos.

Al cabo de 20 Constituciones fallidas en el Ecuador pocos creen en las reformas institucionales como un mecanismo de fortalecimiento democrático. Creo, sin embargo, que sería muy saludable para el sistema eliminar el voto obligatorio y estimular un sufragio responsable e informado. El argumento de la posible falta de representación de algunos sectores quedaría remediado con elecciones distritales y uninominales. Con un voto voluntario tendríamos una mejor gobernabilidad y pondríamos algún coto al flagelo populista. Y a la luz de los resultados de la ‘revolución ciudadana’, la izquierda ecuatoriana, que se ufana de poseer estructuras políticas organizadas y un sólido sustrato ideológico, debería apoyar la tesis. El voto voluntario acabaría con chantajes electorales ejercidos a través de iniciativas como las palas y picos, los corderos/borregos o los bonos de la pobreza.