Pablo Ortiz García

Resurgimiento neoliberal

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La “larga noche liberal” se reinventó en Ecuador. Si bien los señores que gobiernan este país han criticado las medidas “neoliberales” adoptadas por otros presidentes, parecería que la fórmula dio resultados en Ecuador y por ello sus detractores reinstalan medidas económicas de antaño.

Antes era un pecado endeudarse, y ahora lo hacen por miles de millones de dólares “de un solo toque”, pero “amarrado” a empresas de China que facilitan esos recursos si se le asignan las obras. Hoy es positivo un recorte en el Presupuesto en vista de que el precio del petróleo oscila los cincuenta dólares por barril (antes, cuanto el precio estaba en 10 dólares el barril, los gobernantes se la apañaban). Otra medida neoliberal es el congelamiento del alza salarial de los servidores públicos, y un incremento pequeño en las remuneraciones de los trabajadores privados.

Estas medidas, en otras épocas impensables por parte de un Gobierno al que todo lo anterior le apestaba, ahora son la panacea para el crecimiento económico.

Por ello, ¡qué lindos son los países que hablan de soberanía y comprometen sus recursos naturales no renovables a cambio de cheques que se emitirán para compañías de la nacionalidad del acreedor! ¡Cómo “progresan” las naciones que impiden la inversión extranjera, pero colaboran con países que prestan dinero a tasas de interés desconocidas! ¡Qué independientes son ciertas repúblicas que recurren a préstamos de gobiernos que exigen garantías reales y el sometimiento a legislaciones extranjeras a las que tanto ha criticado el gobernante! Recuerdo que en el argot popular se dice que en casa del fiado, el fiador manda.

El neoliberalismo del siglo XXI, tan combatido en anteriores épocas por el partido que conduce los destinos de Ecuador, ahora es bueno.

El neoliberalismo del siglo XX, de la “partidocracia” de gobiernos que precedieron a este, sigue siendo malo. Por ello, el neoliberalismo aplicado por uno de los últimos países comunistas en el mundo a un Gobierno de izquierda como el ecuatoriano, es magnífico.

El pueblo se beneficia y el gobernante se regocija con su triunfo pasajero, cuyas consecuencias las afrontaremos quienes no tenemos departamento en el exterior, ni posibilidad de residir fuera de los linderos de nuestra patria.

Ecuador es, según estudios especializados, el segundo país más endeudado con China (obviamente luego de Venezuela). Sus mayores acreedores son dos bancos chinos, que de lo que se ha visto en el pasado prestan dinero para ejecutar obras en Ecuador por empresas chinas.

El dinero sale de un bolsillo, entra a otro, y Ecuador se endeuda a quién sabe qué tasa. Tampoco se conoce a qué plazo y en qué condiciones.

Esto se llama el “retorno del endeudamiento agresivo”, candidato al Oscar en la rama del terror.

Pablo Ortiz García / portiz@elcomercio.org