Julio Echeverría

Neo desarrollismo

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18 de August de 2013 00:03

Más allá de los discursos del Sumak Kawsay y de los derechos de la naturaleza, el Ecuador acaba de dar de baja la propuesta de mantener el crudo en tierra en el Yasuní. La tan mentada soberanía nacional tuvo como límite la falta de voluntad de los países desarrollados en aportar recursos a la iniciativa, una muestra más de la distancia entre la retórica oficial (en este caso de la soberanía y dignidad) y la realidad de los hechos. Esta decisión deja en claro que el país está implementando un modelo basado en la extracción de recursos, con altos impactos ambientales y graves riesgos sociales.

La inversión pública, cuya expansión ha sido exponencial en estos seis años de revolución ciudadana, no ha logrado revertir la concentración de servicios y oportunidades cognitivas y laborales en las grandes ciudades (Quito y Guayaquil). Al contrario, la tendencia advierte sobre la profundización del fenómeno con sus consecuencias en el incremento de la desigualdad territorial y la ampliación de las brechas de pobreza e indigencia, entre habitantes urbanos y rurales: mientras el deterioro social y económico es cada vez más marcado en el campo y en las actividades agrícolas, las grandes urbes se congestionan crecientemente, con serios impactos en el ambiente, en la seguridad, en la congestión vehicular, etc.

En términos demográficos, el Ecuador está transitando hacia un cambio de estructura de la población. La reducción de la tasa de fecundidad empieza a comprimir la base de la pirámide, es decir, el segmento de niños y niñas entre 0 y 5 años. En contrapartida, los adolescentes y jóvenes son actualmente mayoría. La expansión del gasto público se conecta con esta situación de la base sociodemográfica, genera una 'revolución de expectativas' cuya solución o enfrentamiento será la que determinará el futuro político del país. El incremento de expectativas puede resolverse por la inclusión de la población al consumo, hasta que la dinamia del gasto gubernamental lo permita; puede atenderse de otra forma si la estrategia del cambio de matriz productiva efectivamente acontece. Las señales que emite la 'solución del Yasuní', nos indican que la lógica es la de la explotación a ultranza de los recursos primarios para solventar justamente la capacidad de gasto y de consumo, la cual se instala como una espiral de difícil control.

Una visión crítica del modelo de desarrollo tendrá que cuestionar seriamente la orientación del "cambio de matriz productiva" que supere la lógica del neodesarrollismo; tiene que plantear un modelo de gobernanza, que incluya a los actores locales para revertir las inequidades territoriales y potenciar el desarrollo endógeno y sustentable. Un modelo lejano a las orientaciones centrales que actualmente exhibe la 'revolución ciudadana'.