Oswaldo Jarrín R.

La negociación de paz del ELN

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Columnista invitado

Históricamente la diplomacia se ha esforzado por la adecuada representación y custodia de los intereses del Estado y de la nación ecuatoriana, lo que significa que los valores sociales, la dignidad y la preservación de la identidad nacional, solamente pueden ser protegidos y cultivados en función de los principios democráticos.

Este parámetro de referencia expresa la esencia y vocación de convivencia pacífica de la nación ecuatoriana, como lo autentica la Carta Democrática de las Américas. Por lo tanto no existe espacio para las decisiones de política exterior en función del balance de conveniencias para la imagen o la popularidad del gobierno en torno a un proceso de negociación admirable, necesario y justo que vive la nación colombiana.

Ecuador se siente honrado en ser garante de las negociaciones de la guerrila del Ejército de Liberación Nacional, ELN con el gobierno de Colombia. Es el más directo beneficiario, junto con los países de la región con un proceso de paz que llegue a mejor termino, porque es consciente de que no hay posibilidad de una finalización del conflicto sino a través de la negociación política y jamás por la acción de las armas.

Amar la paz significa respetar las acciones del gobierno colombiano, pero por sobretodo respetar a su población que ha sufrido por tanto tiempo la acción subversiva, y se manifestó negativamente en el plebiscito sobre las FARC, sin dejar de valorar la decisión de entregar las armas para ingresar al campo político y tratar en forma democrática de superar las causas que dieron origen al conflicto.

Pero este loable propósito a lograse por los medios diplomáticos, debería cumplirse en otro país garante, para preservar la dignidad y respeto a la identidad ecuatoriana que por los antecedentes históricos recientes, ha sido profanada por la afinidad de la revolución ciudadana, con la estrategia de integración regional de los grupos armados revolucionarios reunidos en Quito, con la Coordinadora Continental Bolivariana, teniendo un campamento de las FARC en territorio ecuatoriano, que dicen de la ausencia de neutralidad para ser sede de conversaciones.

Dignidad es respetar al pueblo ecuatoriano, a los refugiados colombianos y la seriedad del país en el ámbito internacional.

Ecuador fue sede clandestina de grupos armados para la conquista de poder por las armas, y ahora el pueblo ecuatoriano, sus FF.AA... están obligados a respetar al ELN en su libre movilidad.

Es probable que el ELN conceptuado como amigo por el gobierno de Colombia pueda llegar a una adecuada negociación, sin embargo, creer que el amigo de mi amigo es mi amigo, no puede ser una premisa para la política exterior ecuatoriana, inexistente para el caso.

Con la prioridad del gobierno a la popularidad internacional, como ya ocurrió con Julian Assange, no se respeta a sí mismo ni a quienes representa.