Marcelo Ortiz

9 años de inédito poder político

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La certeza que tienen los números desborda la cábala, que es el cálculo supersticioso. Sucedieron las siete plagas en Egipto, que produjeron la liberación del pueblo judío. En laBiblia se enumeraron a los siete pecados capitales: soberbia, ira, envidia, avaricia, lujuria, pereza y gula, que cada ser humano sabrá cuándo y en qué tiempo los practicó; también está el séptimo día de la semana de descanso obligatorio para seguir el curso de la vida.

Al finalizar el 2013 el pueblo ecuatoriano tenía la certeza de vivir un gobierno, al cual le faltaban tres años y 5 meses para completar una década, el período más largo de toda la vida como República del Ecuador en que un ciudadano haya ejercido el poder. Estos años habían sido suficientes para derrotar al pluripartidismo y dejar en la orfandad democrática al pueblo ecuatoriano.

A febrero del 2014 fuerzas contrarias al absolutismo continuaban sin llegar a constituir un frente político que disminuyera la toma electoral de cerca de 200 alcaldías y prefecturas. Y la prueba mayor estuvo en Quito, con cuatro candidaturas que pudieron facilitar la reelección del entonces Alcalde. Aunque el resultado luego fue sorpresivo.
Venezuela era el espejo de la unidad opositora, con Henrique Capriles, pero en las elecciones de diciembre del 2013 la mayoría de las 337 alcaldías siguió con el chavismo. Nada se pudo con la extensión de la pobreza, la inflación más alta del mundo y la ausencia de productos básicos. Más logró la enajenación colectiva durante 15 años.

Es penoso admitir que quienes fueron líderes de los disminuidos partidos políticos y otros que ejercieron la Presidencia del Congreso Nacional, no hayan podido articular fuerzas unificadas.

Tampoco coadyuvaron quienes han sido presidentes de la República, a excepción de Osvaldo Hurtado Larrea, quien publicó el libro ‘Dictaduras del siglo XXI’, para ser escuchados sus valiosos puntos de vista críticos al ejercicio actual del poder.

Bien vale citar a Kurt Tucholsky, autor alemán que se suicidó ante la persecución hitleriana de 1933, quien escribió a Arnold Swieg condenando la falta de valentía para no expresar resistencia ante el avance de esa dictadura: “Debíamos decir, esto o aquello está mal, y en lo otro nos equivocamos, pero no han sido los demás –esa base inconsciente del pueblo- quienes han fracasado, sino nosotros solos”.

Muchos advierten que el peligro de acrecienta frente a un poder gubernamental absorbente; sin embargo, no encuentran el camino del renunciamiento personal para sus futuros liderazgos, a través de una mesa de unidad de todas las fuerzas opositoras al régimen. No tienen la capacidad comprensiva de que se cerrarán, aún más, los senderos para otros líderes políticos y que pudiera ser demasiado tarde para reconstruir la democracia.

mortiz@elcomercio.org