Benjamín Rosales

De la necedad a la racionalidad

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Columnista invitado

Con la excusa de múltiples ocupaciones, he escrito poco en los últimos años. Si no he sentido apremio en hacerlo es porque en este y otros diarios nacionales hay excelentes pensadores que no callan los atropellos que comete el régimen aunque se expongan al insulto sabatino y acoso judicial.

Las circunstancias económicas actuales, junto a la pretensión presidencial de imponer proyectos legales y reformas constitucionales que atentan contra la democracia y la esperanza del pueblo ecuatoriano de progreso y libertad, nos obliga a manifestarnos.

Con la realidad económica, y la perspectiva de que lo peor está por venir, es inevitable que se reduzcan los ingresos fiscales. Lo lógico sería reducir excesivos gastos, replantear proyectos utópicos y controlar la corrupción, mientras se afianza una estabilidad jurídica y política que atraiga inversiones que generen empleos. En cambio, la actitud del Gobierno ha sido negar la crisis, continuar el dispendio, realizar nuevos empréstitos bajo ocultas condiciones, e insistir en inconsultas propuestas que causan más incertidumbre.

Organizaciones indígenas y de trabajadores realizan una concurrida marcha hacia la capital exigiendo cambios que terminen con esta obcecada irracionalidad. Es hora de dejar a un lado atavismos dogmáticos de izquierda o derecha. Lo que está en juego es la existencia del país democrático que la mayoría de ecuatorianos quiere.

Debemos enfrentar estas ideas con unidad entre todos los que creemos en una democracia representativa donde se respeta la Constitución, los derechos humanos y las libertades individuales, y que se basa en la fundamental separación de poderes para controlar abusos y corrupción.

Entendemos que algunas empresas e instituciones apolíticas no pueden, o deban participar, en el paro nacional que fue convocado para el 13 de agosto, pero los ciudadanos que vemos como el Presidente continúa repitiendo argumentos errados para confrontar la realidad, y trillados insultos, tenemos que manifestarnos y demandar rectificaciones.

El objetivo de las protestas debe ser claro. No hay que buscar un cambio extemporáneo de gobierno, ¡eso sería inconstitucional! Rafael Correa tiene que acabar el período para el que fue elegido, y gobernar hasta inicios del 2017. Es él quien debe afrontar la crisis económica que ha forjado: corrigiendo derroches burocráticos, inflexibilidad laboral e ilusiones utópicas que su gobierno ha impuesto, y que atentan contra el desarrollo nacional. Él es el responsable del estúpido despilfarro durante la bonanza e irresponsable imprevisión estatal ante una realidad mundial: precios fluctuantes de los productos primarios; y es él quien debe asumir las consecuencias políticas de su mal gobierno, y realizar los cambios que deberán hacerse para enrumbar la economía con racionalidad. Eso es lo que debemos exigir.