Andrés Vallejo

Los Museos del Banco Central

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Lejana está la época en que el Banco Central del Ecuador era autónomo y cumplía con su función. Y lejana también cuando era el gran promotor de la cultura en el Ecuador. Mas allá de la conocida y destacada trayectoria de Guillermo Pérez Chiriboga, Gerente General del Banco Central dos décadas, entre 1944 y 1966, cuando el Banco desempeñaba el papel que deben desempeñar los bancos centrales -cuidando los equilibrios indispensables en la economía, actuando con independencia de los gobiernos de turno, no cediendo a las presiones de intereses circunstanciales, sean estos políticos o económicos, que permitió al Ecuador la estabilidad que requiere el crecimiento económico para satisfacer las necesidades sociales del conjunto del país-, fue él quien promovió la creación de un Museo Arqueológico en el Banco, que empieza su labor rescatando el oro arqueológico, separándolo del oro físico ofrecido al Banco para su fundición. La adquisición de la colección privada de piezas arqueológicas precolombinas pertenecientes a Max Konanz y de otras culturas prehispánicas provenientes de La Tolita a la familia Yanuzelli, inician el desarrollo del Museo, que incrementó su patrimonio cultural con pinturas, esculturas y más obras de arte colonial que conformaron las Galerías de Arte y rescataron y promovieron los bienes culturales.

El Banco invitó a colaborar a prestigiosos ciudadanos que conformaron el primer Consejo de Gobierno del Museo, entre los que estuvieron Carlos Manuel Larrea, el padre José María Vargas, Constanza Di Capua, Eulalia Vintimilla de Crespo, Nicolás Delgado, para citar algunos nombres. Hernán Crespo Toral, fue el primer director y formador del Museo. Su labor, así como la de Juan Fernando Pérez y muchos otros personeros cuyos nombres es imposible incorporar por la tiranía del espacio de un artículo, fue pionera y fundamental.

En 1982 la Junta Monetaria resolvió que los Museos lleven el nombre de Guillermo Pérez Chiriboga. Al trasladar el Museo a la Casa de la Cultura en 1992, se omitió mantener su nombre, en típico acto de pequeñez espiritual, el del complejo fundacional ecuatoriano, que busca resaltar al mediocre negando todo mérito al pasado.

Y, peor aún, cuando se eliminó la autonomía del Banco Central, se le despojó también de su misión cultural, condenando a los Museos a ser parte del Ministerio de Cultura, que no ha dispuesto ni de la estabilidad ni de los fondos necesarios para cumplir esa función. Han sido 10 ministros en 10 años, que por buena voluntad que tengan administran una pobreza de solemnidad! Hoy, buena parte de los bienes culturales están embodegados por años y no se vislumbra para ellos un mejor destino.

¿Será mucho soñar que para servicio efectivo al país y a la cultura nacional, se devuelva al Banco, a más de la autonomía, el cuidado de los bienes patrimoniales, que las condiciones políticas y económicas los tienen abandonados y en inevitable deterioro?